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Yo soy el Buen Pastor



17 de Abril de 2016
Redacción
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Comentario al IV Domingo de Pascua, de la mano de Miguel Díaz Sada ss.cc.


Ya en las catacumbas Jesús aparece representado como Buen Pastor que lleva a hombros la oveja herida. Imagen que a todos nos resulta entrañable e inspiradora. ¡Cuántos cristianos hemos orado con el salmo “El Señor es mi Pastor, nada me falta” en momentos delicados de nuestra vida!

Tal como Juan describe al Buen Pastor, sólo Jesús puede serlo. Nos conoce a cada uno por nuestro nombre, nos llama, nos guía por el camino justo, nos cura y alimenta, tiene especial predilección por los enfermos y débiles, a todos busca, sin excepción, porque quiere que todos tengan vida. Para eso ofrece libremente su vida, para que tengamos vida en abundancia.

Nosotros reconocemos su voz. Estamos acostumbrados a su tono, pues todos los domingos sale a nuestro encuentro, nos habla y nos invita. Todos los domingos, como Buen Pastor, restaña nuestras heridas, nos perdona y nos hace sentarnos a su mesa para que nos alimentemos con el pan de la vida.

De esta forma tan sencilla y sugerente, describe Juan la relación de Jesús con todos y cada uno de sus discípulos de entonces y de ahora.

El domingo del “Buen Pastor”, celebrado en tiempo de pascua, se nos invita a las comunidades cristianas a pedir por las vocaciones sacerdotales y religiosas y por los que ya son sacerdotes: que haya muchos pastores a la medida del corazón del Buen Pastor; que sean memoria viva y recuerdo fiel del paso de Jesús entre los hombres; que en ellos resplandezcan las actitudes de servicio y acogida de Jesús.

Ampliemos el horizonte de nuestra oración: ser discípulo de Jesús significa transformarse en “buen pastor”, pues todos tenemos personas que cuidar, alimentar, acompañar, sanar, reconfortar... Dentro de nuestra comunidad humana, en el seno de nuestra familia, en la comunidad de la iglesia, Jesús, el único BUEN PASTOR con mayúsculas, nos enseña a ejercer unos para con otros de “buenos pastores” que buscan no el propio beneficio sino el bien de los demás, para que tengan vida y la tengan en abundancia.

 
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