Noticias

Tocar las llagas para creer



03 de Abril de 2016
Redacción
(0) Comentarios

Comentario al Evangelio del Domingo de la Divina Misericordia, de la mano de Miguel Díaz Sada ss.cc.


(Fotografía de Manuel García Ripado ss.cc.)

¿Por qué unos discípulos que abandonan a su Maestro sólo en la cruz y huyen, vuelven a reunirse en memoria de quien murió fracasado y ajusticiado? ¿Qué aconteció? ¿Qué proceso siguieron?

Nos gustaría conocer con detalle este cambio personal y grupal, pero hemos de contentarnos con las pinceladas que se recogen en los escritos del Nuevo Testamento.

Estamos muy interesados porque es también nuestro camino de fe en Jesús, el Crucificado Resucitado.

El relato de Juan que hoy escuchamos data de finales del siglo I. Ya entonces, las comunidades cristianas tenían costumbre de reunirse haciendo memoria de Jesús, de su paso entre nosotros, de sus gestos de despedida. Se reunían el primer día de la semana, el domingo, el día del Señor. Y al reunirse no se sentían huérfanos. Jesús estaba con ellos: compartía el pan, les daba su espíritu, su paz, su perdón, y les enviaba a prolongar su misma misión, a vivir como El vivió.

Las “apariciones” no eran cosa del pasado. Jesús tomaba la iniciativa. Se aparecía. Le “veían” con los ojos de la fe, con el corazón emocionado le “sentían” presente en la fracción del pan. La mejor prueba de su resurrección eran ellos mismos, el cambio de su vida, la comunión fraterna, el testimonio del compartir esperanzas, dones y bienes.

Si queremos pasar del miedo a la esperanza como la comunidad del evangelio o de la incredulidad a la fe, como Tomás, también nosotros hemos de hacer memoria de la vida de Jesús -vida entregada hasta la muerte-; recordar sus gestos de ternura de buen samaritano, ver y tocar las llagas del costado, pies y manos, releer la historia de amor de Jesús.

El evangelista nos dice y nos pide: mira las llagas de Jesús. Identifícate con su vida de entrega a los demás y de confianza en Dios. Mira y toca, como hacía Jesús, las llagas de tantas personas heridas y tiradas al borde del camino. Entonces la luz de la fe nacerá en tu corazón y dirás como Tomas: “Señor mío y Dios mío”.

 
Comentarios
 
Déjanos tu opinión:

Nombre:
   

Dirección de E-mail:
   

Comentario:

 
 


Reload Image

Código:

 
   
 
Compartir

  • Print this article!
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • Meneame
  • Technorati
  • TwitThis
  • Netvibes
  • MySpace
  • LinkedIn
  • Turn this article into a PDF!
  • E-mail this story to a friend!