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Segunda edad en El Escorial



07 de Marzo de 2016

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Nuevamente nos reunimos hermanos y hermanas de la 2ª etapa de la vida en la casa de los hermanos en El Escorial. Para muchos de nosotros es como volver a una historia que tiene como escenario a este pueblo, en el que la Congregación, tanto de hnos. como de hnas., están presentes desde hace muchos años.


Mariola López Villanueva rscj ha animado estas jornadas

En estos encuentros nos volvemos a ver hnos. y hnas. Con muchas andaduras congregacionales y pastorales a las espaldas juntos. Compartimos proyectos, anécdotas, lenguaje, que hace que nos sintamos muy a gusto. Somos los hijos marcados por el Vaticano II y esto se nota.

Nos ayudo estos días Mariola López, religiosa del Sagrado Corazón, especialista en Biblia y periodista. Desde su sencillez captó nuestra atención y nos transmitió ideas interesantes para nuestra vida comunitaria y personal.

El tema de la reunión era: “ TRANSFORMAR LO COTIDIANO. CUATRO CLAVES PARA VIVIR CON GUSTO Y CON SENTIDO”.

Tema muy cuaresmal. Eligió la palabra transformar y no cambiar, porque esta supone un esfuerzo persona para cambiar algo que no nos gusta, mientras que transformar viene de fuera, de Dios. En el encuentro con El se da la transformación.

Mariola fue recorriendo las cuatro claves para vivir con gusto y con sencillez.

Jesús va a llamar el lugar donde quiere vivir en paz el Reino (que nosotros describimos con verbos activos, mientras que él nos habla de “llegada”, como que está dentro de nosotros. Jesús nos invita a ser receptivos. Para ello necesitamos silencio. Necesitamos recuperar el centro interior desde el que todo se ordena. Desde Jesús de Nazaret, crucificado y resucitado, centro primordial de nuestra vida vamos a recorrer cuatro claves que necesitan estar equilibradas.

Primera clave. Una vida interior sana que tiene en el silencio, como dice el Papa Francisco, el elemento necesario para escrutar los signos de los tiempos. En el silencio podemos mirar y descubrir lo cotidiano.

Dispersos no podemos tener ese espacio silencioso desde el que recibimos cada día y nos disponemos para los otros. La vida espiritual requiere receptividad a lo nuevo; profundidad para la transcendencia y apertura, con mente nueva. Tenemos que cuidar estas dimensiones, ya que hemos vivido la espiritualidad desde la cabeza.

(Hace alusión a las etapas de nuestra vida. La 1ª etapa (28-38 años) es de autoafirmación, viaje exterior; la 2ª (48-68) es de donación, viaje al interior, cuidado del alma; la 3ª-4ª (68….) es de donación con despojo, de cuidar a ser cuidado, con grandes límites.

El proceso humano (el viaje) es vida que madura hacia Dios. Nuestra vida es relacional, que es lo que más alegría y dolores nos da.

Tiene cuatro aspectos:

a: cómo nos relacionamos con nosotros mismos, cómo nos tratamos

b: con las personas referencia en nuestra vida

c: con las demás personas, las de todos los días

d: con la naturaleza y las cosas.

¿Cómo sabemos si nuestra vida interior es sana? No por la cantidad de horas de capilla o por los muchos trabajos, sino por el efecto de nuestras relaciones; cómo se sienten los demás conmigo, si se sienten bien en nuestra presencia.

Segunda clave. Es asentir a la realidad. Nuestra manera de situarnos en la vida. Necesitamos aprender a aceptar y reconocer lo que es, asentir a lo que es. En cada momento de nuestro viaje decir: así es y así puede ser. Dios actúa en lo que es. Los pasos de la aceptación no son muchas veces agradables, porque lo que se ve, no es lo que se quisiera ver.El sí de María y el sí de Jesús en Getsemaní son buenos ejemplos.

Tercera clave

Los vínculos que dan sentido. Necesitamos los vínculos tanto como los alimentos. Necesitamos ver el entramado relacional que conforma nuestra vida, los rostros que nos nutren y nos dan sentido.

Tenemos tres necesidades básicas:

- Estar vinculados

- Mantener vínculo entre dar y recibir

- Encontrar seguridad en nuestras relaciones.

 

(El ejemplo de las manos es elocuente. Tenemos que tener las palmas de la mano un abierta hacia arriba y otra hacia abajo /recibir y dar

¿Cómo se cuidan los vínculos?. Se requiere

El respeto en las cosas que no entiendo

El interés hacia las cosas de los demás

Satisfacer las necesidades más básicas, de escucha, consuelo, información

Nutrirnos activamente unos a otros con el cariño, con la sabiduría

Cuarta clave

Una sencilla gratitud

El agradecimiento nos pone en nuestro verdadero lugar de criaturas. La gratitud es posible cuando somos capaces de aceptar conscientemente nuestro sentido de pertenecer a otros; saber que la vida es dar y recibir. La gratitud es, junto con el amor, es uno de los sentimientos terapéuticos y sanadores.

Después de explicar estas cuatro claves continuó desarrollándolas con consideraciones interesantes y que es difícil recoger en una crónica, que no puede ser una grabación.

Me llamó la atención la idea de que toda nuestra vida pasa por el corazón. Nuestra experiencia de vida es ensanchar el corazón, (pericardio = a lo que envuelve el corazón; cuando está apretado, oprime, no nos deja salir de nosotros mismos).

El ritmo de nuestra vida es así: me abro para crecer/me cierro para protegerme. Todo lo que se abre va hacia la vida, todo lo que se cierra va hacia la supervivencia( animales de caparazón).

Lo que bloquea la vida es el miedo. Cuando el miedo bloquea el corazón se queda cerrado, aparecen sombras, temores. Cuando se libra y dilata entra la luz, la confianza.

Otro momento dentro de nuestra etapa( Las charlas de Mariola iban dirigidas a la etapa de los que estábamos allí) es afirmar la vida como es en nosotros, llegar a amar lo que es y hay en nuestra vida.

Todos necesitamos ser reconocidos y afirmados. Si compartiéramos más nuestra vulnerabilidad, nos comprenderíamos más. Nuestra etapa es de mucha vulnerabilidad y Dios pasa más por ella que por nuestra brillantez. Por eso tenemos que asumir nuestras luces y sombras, nuestro trigo y cizaña. Aceptar el aquí y el ahora. Frente a competir, colaborar; frente a criticar, agraciar; frente a comparar, valorar.

Tres preguntas que nos pueden ayudar a reforzar la gratuidad:

¿qué he recibido hoy?, ¿qué he dado hoy?, ¿qué problemas o dificultades he causado hoy?

Cuando las fuentes están abiertas y el movimiento de la vida es sano, fluye la alegría y nuestra vida religiosa necesita alegría.

La gratitud restaura restaura nuestro verdadero lugar de criaturas ;todo lo que somos, lo hemos recibido.

Me gustaron estas consideraciones, que Mariola salpicaba con anécdotas de su vida en las comunidades y que servían muchas veces, de una reflexión menos académica.

El sábado, en la noche vimos la película “la fuerza de un ángel”, sobre la vida de Dorothy Day, para más de uno desconocida, pero una gran mujer norteamericana, convertida y defensora de los derechos humanos, a la que elogió el Para en su viaje a USA.

El domingo trabajamos el capítulo 21 de Juan, el encuentro del Resucitado con sus discípulos pescando, muy interesante y minuciosamente exegetizado.

Así transcurrió este encuentro, que lógicamente estuvo enmarcado por la oración de la mañana y la adoración (centradas en el encuentro con Dios en lo cotidiano) y el broche de la Eucaristía que nos presidió el P. Belza, superior de El Escorial, haciendo gala de la sabiduría que da la edad.

Con la comida del domingo terminó el encuentro. Todos volvieron sanos y salvos, aunque fuera en taxi, como los de Torrelavega por una avería traicionera al salir de El Escorial.

Manuel García Ripado ss.cc.

     
 
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