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Entrevista a Ricardo Moreno



19 de Febrero de 2016
Redacción
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Traemos hoy a nuestra web una interesante entrevista publicada en la web hermana de PJV. El entrevistado es Ricardo Moreno, profesor en el Colegio SS.CC. de Martín de los Heros, Madrid.


1. ¿Cómo conociste la Congregación?

Gracias a mi madre y hace unos 33 o 34 años. En plena adolescencia, con amistades difíciles y mucha inseguridad me dio a conocer la Parroquia de San Braulio en Aluche. Después de un tiempo de lucha interna y rechazo a Jesús y todo lo que tenía que ver con Él, el ambiente parroquial y la inestimable ayuda del Osvaldo Aparicio y el Alberto Pereda me hicieron ver el camino de la verdad. Allí conocí otros hermanos que también han sido referente en mi vida

2. ¿Qué personas te han marcado en la Congregación?

Han sido muchos los hermanos y hermanas que he conocido y que de una manera u otra me han marcado. No quiero ser injusto y que nadie se sienta fuera. No puedo olvidar a los ya nombrados Alberto Pereda y Osvaldo Aparicio; Santiago López que tan pronto nos dejó y que tanta huella dejó en la provincia y en los Colegios de la antigua Provincia España Norte; Nacho Moreno y Norberto Zulaica, que a lo mejor sin saberlo tanto me ayudaron en momentos tan difíciles como la pérdida de mis padres. Y como no acordarme de Fernando Bueno; solo puedo dar gracias a Dios por haberlo puesto en mi camino. Muchos se quedan, no digo en el tintero, si no en mi corazón.

3. ¿Qué faceta de todas las que desempeñas te llena más?

Esta pregunta es difícil de contestar. No puedo decir que a un 50% mi labor Pastoral y a un 50% mi labor como docente. No se puede entender el ser maestro en la Congregación sin la Pastoral. Recordando a Santiago López, “los colegios son plataformas de evangelización”; lo uno va con lo otro. No se trata de ir a la caza y captura de futuros curas y monjas, sino de mostrar una opción de vida diferente a la que nos ofrece la sociedad que nos ha tocado vivir.

4. Si pudieras trasladarte y trabajar a cualquiera de los puntos en los que está presente la Congregación, ¿a cuál irías? ¿por qué?

Ufff. ¡Qué difícil! Son tantos. Pero entre todos destaco la Comunidad de Santiago de la Mora (Paraguay) , que tuve la suerte de conocer hace ya unos años, y la Casa de Acogida de Salamanca. El ambiente de comunidad, de Congregación, los momentos que viví con laicos y hermanos, todo lo que pude aprender de ellos. En lo referente a Paraguay hay un antes y después, que si bien no me di cuenta de forma inmediata, con el paso de los años supe apreciar todo lo grande que viví allí. Si tuviera una máquina del tiempo sin duda volvería a los tiempos de San Braulio: a ese ambiente de parroquia de barrio, a esa comunidad siempre abierta a todos. San Braulio, Paraguay y Salamanca me enseñaron una realidad distinta a la mía, la de la gente que sufre, el rostro del corazón traspasado.

5. ¿Qué te queda por hacer? ¿Hacía dónde te gustaría caminar?

Mucho no, muchísimo y veo que no creo que tenga una vida para poder terminarlo. Ahora enseñar a mi hijo ese rostro del Cristo que sufre, perdona y sonríe.

6. Con tanto a las espaldas, ¿cuál ha sido el momento más gracioso que recuerdes?

Han sido muchos. La vida en una parroquia de barrio, las colonias de verano, los campamentos volantes, los caminos de Santiago… Escuchar a Osvaldo diciendo Dios proveerá cuando siendo adolescentes estábamos muertos de hambre y cansancio. Momentos graciosos tienen que ver con las colonias y campamentos en el campo y mis fobias a los reptiles e insectos que compartían vida en la tienda de campaña… Pero de todas me quedo con una: se acercaba la Navidad y estábamos preparando el Belén de la San Braulio, momento de encuentro entre amigos y trabajo, nos dieron las 2 de la madrugada. Un amigo se ofreció a llevarme a casa en su coche. De camino nos paró la Policía Nacional, ninguno tenía documentación. Cuando le dijimos al agente de donde veníamos, nos miró, miró a su compañero soltó una carcajada y nos dijo “eso contádselo a otro cachondos…, de la parroquia dicen”. Creo que sinceramente, el Padre Damián esa noche nos echó un capote. Termino con una oración a modo de conclusión: “A los Sagrados Corazones de Jesús y de María, honor y gloria”.

 
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