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Leche para perros



12 de Febrero de 2016
Redacción
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Columna "Todo corazón" de Joaquín Garre ss.cc. en la revista 21 de este mes de febrero.


Nuestra casa de noviciado en Boane, en la provincia de Maputo, Mozambique, está, efectivamente, entre los pobres, como dicen nuestros documentos congregacionales. Pero no vivimos como ellos, no nos hemos encarnado. El proceso de encarnación no es tan sencillo. El proceso de encarnación lleva a, sin dejar de ser tú mismo, llegar a vivir muy cerca de tu pueblo, para, desde la vivencia de sus mismas dificultades, ayudarlo, con la fe y la inteligencia, a mirar para una vida superior, abierta a Cristo en todos sus aspectos.

Pero los misioneros, tan admirados, sentimos nuestros propios límites y nuestras pequeñas mezquindades. Por eso, en los días en que estoy triste o enfadado o malhumorado intento buscar razones y culpables, me digo que nos falta esto o aquello, que el clima es muy duro, que hay muchas cosas desesperantes, intento pensar que si me canso me largo de aquí y me vuelvo a España y se acabó. Entonces, asomo la cabeza por la puerta de casa y veo mi barrio, y veo cómo vive cada una de las familias vecinas... Ahí dejo de protestar y quejarme de todo y con vergüenza le pido perdón al Señor y sigo para adelante.

Ellos me quitan mis derechos, por lo menos, los derechos que ellos no tienen ni disfrutan todavía. Ellos hacen que hable con un tono más bajito sobre lo que tengo derecho o no tengo derecho, sobre lo que me corresponde o no. Ellos me educan y me resitúan en lo que soy de verdad y en lo que he venido a hacer aquí.

Uno de los perros tuvo ocho crías, siete murieron, pero antes llamamos al veterinario: ¿Quién llama al veterinario en Boane para cuidar un perro? ¿Tal vez un 1% de la población pueda permitirse tal lujo? El veterinario vio que tal vez sería bueno darles biberón con leche, pero leche de bebé, la del primer año. Mi conciencia me impidió comprar esa leche. Una mujer me la había pedido antes para su hijo, pues ella ya no podía darle de mamar a causa del SIDA. Los médicos le dijeron que a partir de determinadas semanas ya no le diera más, que le diera, precisamente, leche para niños, la misma que yo le debería comprar al perro. Los perritos murieron pero no me arrepiento. Nos debemos a las personas. Ellos son la razón de estar aquí hoy.

 
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