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Un mate en la cárcel



25 de Enero de 2016
Pablo Bernal Rubio ss.cc.
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Cuando llegué a Chile, en el primer encuentro que tuve con la comunidad de La Unión, entre otras cosas conversamos sobre las ocupaciones pastorales que los hermanos me proponían. Visitar la cárcel de Río Bueno estaba entre esas propuestas. De hecho, fue la que me quedó resonando especialmente: ante una realidad tan ajena y desconocida experimentaba tanto miedo y como deseo de arriesgar y atreverme a adentrarme en ella.


(Pablo Bernal Rubio ss.cc.)

En mi primera visita a la cárcel, junto con Javier Cárdenas y un diácono de Río Bueno, don Juan Valerio, nos acogió Sergio, un joven imputado, y nos invitó a matear con él y algunos de sus compañeros. Así fueron cayendo los miedos y apareciendo los rostros de cada uno de ellos. De algún modo, el mate fue símbolo de que yo, Pablo, era acogido y bienvenido en una realidad tan inhóspita como aquella por aquellos de quienes nadie espera hospitalidad.

Desde entonces, he visitado la cárcel varias veces (aunque no tantas ni tan regularmente como me habría gustado); a menudo acompañado por don Juan, algunas veces (las últimas) yo solo. Y son varias las experiencias que he tenido y varios los rostros humanos con los que me he ido encontrando.

Fui conociendo a Sergio, sus penas, el estado de su proceso, su historia, su familia… también cómo buscaba en la Biblia una respuesta (aunque le complicaba enormemente el relato de la Creación del Génesis), y confiaba encontrar en Dios el apoyo y la fuerza para cambiar de vida cuando saliera. Finalmente, un día me lo encontré fuera de la cárcel, y nos dimos un espontáneo y sincero abrazo.

Sus rostros se han ido introduciendo en mi oración. No soy ingenuo, soy consciente de que esos hombres son, en muchos casos, culpables de crímenes y están pagando su condena… ellos mismos lo reconocen cuando dicen con dureza que “no están en la cana para pasarlo bien”, que “si están ahí es por algo”.

Pero más allá de su culpa, el encuentro con ellos, con sus rostros, me recuerda constantemente que son personas. Personas con derecho a una segunda oportunidad, aunque lo tengan extremadamente difícil. Víctimas, y no solo victimarios. Personas capaces de acoger, de bromear, de curiosear. Personas capaces de relación humana…

… capaces de compartir un mate.

 
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