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Gracias por Gerardo



18 de Enero de 2016
Carlos Barahona Nieto ss.cc.
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Quedaban sólo dos hermanos de seis que fueron: Gerardo (Teófilo) Zamora Borobio, el mayor, que pasó a sentarse al banquete del Cordero ayer 16 de enero, con casi 93 años de edad, y el benjamín Martín, último de la saga. Para él, su hermano primogénito ha sido siempre inspiración y ejemplo, en especial para sus vivencias religiosas y para su decisión de optar por el ministerio sacerdotal.


P. Provincial junto a Martín Zamora, hermano sacerdote del P. Gerardo

Todos nacieron en los altos campos sorianos, en la Castilla yunque –como dijo Pedro Laín Entralgo–, golpeada por el sol del estío y por el hielo hibernal, hiemal, una tierra exigente que siempre ha sido duro trabajar y que nunca fue generosa, pródiga. Más bien lo contrario cicatera y agarrada. Pero amada a pesar de todo. Unas comarcas que se despueblan y que bien podríamos repoblar con refugiados, de esos que vagan sin rumbo, rechazados y despreciados. Una provincia casi olvidada por las administraciones, pero que existe, como Teruel. Con unas gentes que quieren progresar y mejorar su patria chica. El lugar de Numancia, símbolo de resistencia, tenacidad y tozudez, cuyas ruinas deberían ser ya patrimonio de la humanidad.

Han sido numerosos los sobrinos que han acudido a la despedida de Gerardo, decenas. Han concelebrado revestidos diez hermanos de los SS.CC. y Martín, pero en los bancos estaba toda la comunidad escurialense. Amén del médico don Jesús, las cuidadoras de nuestros ancianos y enfermos, algunas hermanas de la comunidad de San Lorenzo y hermanos de Madrid, de Miranda y de Salamanca. Destaquemos a Santiago Angulo, que ha dedicado a la Iglesia que peregrina en Andalucía cuarenta y cinco años de su vida. El hecho de ser domingo ha impedido seguramente participar a otros. La eucaristía ha empezado a las 13h30, tras la última misa de la iglesia pública. La comida ha sido a las 14h30 pasadas. El cadáver ha vuelto al tanatorio para ser incinerado a última hora de la tarde.

Gerardo fue un hombre bueno, se ha dicho, con carácter, y dedicado en cuerpo y alma a la enseñanza. Hizo su noviciado y primera profesión en El Escorial. Estuvo en Miranda y dirigió los colegios de Claudio Coello–Villanueva, de Martín de los Heros, de Barcelona y de Sevilla. En aquellas épocas ser director implicaba ser superior de la comunidad. Estuvo en diferentes casas de Andalucía casi el mismo tiempo que lleva funcionando el colegio de Los Remedios. Fue uno de los pioneros SS.CC. en aquellos lares de la Novísima Castilla, una tierra para quedarse y vivir, siempre según Laín. Y de allí fue a El Escorial con más de ochenta años, dudando de si se había jubilado demasiado pronto, aunque impartió clases hasta pasados los setenta.

Los últimos tiempos han sido duros. La demencia senil le ocasionaba, entre otras cosas, no poder reconocer a sus familiares. Hace una semana se resfrió y eso fue fatal para su precaria salud de nonagenario. Ya se sabe, los ancianos suelen morir a causa de las tres ces: catarro, caída y cagalera –dicho en la clara y nítida lengua de Cervantes–.

Antes de terminar recordemos a su otro hermano de sangre y de congregación Celestino (Eladio), a quien Gerardo visitó varias veces en México. Falleció en Talayuela el 16 de diciembre de 1991. José Manuel Belza ha animado la eucaristía y ha presentado el resumen de la vida del finado. Enrique Losada ha presidido y nos ha dirigido una interesante y acertada homilía. Demos gracias todos por el regalo que el Señor nos hizo en nuestro hermano Gerardo.

     
 
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