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Teresa de Jesús en El Encinar



11 de Enero de 2016
Redacción
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El grupo Lazarillo de Tormes sigue recorriendo escenarios para divulgar la vida de la famosa religiosa. Uno de ellos ha sido recientemente el de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Encina en El Encinar (Salamanca).


Hablar de Alba de Tormes, nos conduce irremediablemente a la figura de Teresa de Jesús. Y es en estas tierras salmantinas donde se ubica la localidad de Terradillos. Próxima a la capital, mucho se puede decir de ella, aunque poco se sepa. Alberga un gran núcleo de población joven en torno al cual tienen cabida gran cantidad de actividades culturales de toda índole. Es muy significativo también, la buena acogida de la que han hecho gala los habitantes de este pueblo con respecto a grupos de inmigrantes que han proporcionado riqueza a todos los niveles. No sólo por rejuvenecer así la media de edad de la población, sino porque aporta un intercambio de culturas inapreciable. No hay duda pues, de que la luz del entendimiento adorna a estas gentes. Y como si de esto hicieran gala, tiene por santo patrón a san Pablo, que celebran en su Conversión, el 25 de enero. Se dice de este santo que vio la luz de Dios al caerse de su caballo. Sin embargo estas gentes que habitan entre encinares, parecen tener bien aposentados los pies en la tierra cuando se comprueba como han sabido aunar tradición y experiencia con la fortuna de reunir una población tan joven y diversa en origen que a través de la convivencia y la cultura progresan dando frutos.

Y si hablamos de luz, frutos que recoger y caminos que enlazan gentes, “Teresa, la jardinera de la luz”, se acerca en una nueva representación a estos parajes. Lo hace en concreto a una de las urbanizaciones que de Terradillos dependen, y que ha ayudado a que todo lo arriba expuesto sea así. Estamos hablando de El Encinar. Situada a pocos kilómetros del pueblo, puede jactarse con orgullo de que ha conseguido ser uno de los núcleos de población más joven y emprendedora en temas de educación y cultura de nuestro país, y que ha permitido también acoger a buena parte de su población inmigrante. Ubicada en una zona donde las tropas españolas se hicieron fuertes ante el invasor francés, demuestran como ese espíritu luchador y valiente permanece en ellos creando un futuro prometedor para sus jóvenes. Componentes del grupo de teatro Aquí se hace teatro, que allí nació para dar a luz también al fenómeno teatral para sus convecinos, han sido los responsables de que otro grupo, Lazarillo de Tormes, se acercara en este día de primeros del nuevo año que comenzamos, para llevar a sus habitantes el fenómeno que durante todo el 2015, ha venido siendo su obra “Teresa, la jardinera de la luz”.

Bien es sabido que el productor de esta obra, Javier de Prado, la concibió para ser representada en los altares de las iglesias. Ha sido una bella forma de acercar a espectadores de nuestros tiempos, donde las nuevas tecnologías parecen invadir nuestras vidas, la forma en que el hecho teatral surge en nuestra comunidad regional hace muchos siglos. Todo lo que en una iglesia acontece, habla de las energías y emociones de la gente que allí siempre se ha reunido para celebrar lo bueno y próspero o dolerse de desgracias y tristezas que forman parte de la vida. Así no es de extrañar que el teatro como actividad que pone ante nosotros la esencia de lo que somos como un espejo en el que nos reflejamos, parta de recintos donde los hombres se reúnen ante la divinidad para poner en común sus vivencias, que quieren sean bendecidas desde lo Alto. Dios se reúne con el hombre y participa de su naturaleza humana, como en los belenes que en estas fechas nos recuerdan este acontecimiento de la venida de Dios al mundo.

Teresa de Jesús fue también una privilegiada que pone ante nosotros una vida de mujer que enamorada de la divinidad, logra fundir Cielo y Tierra en un intento de conseguir acercar ambos mundos. Como en una preciosa catequesis “Teresa, la jardinera de la luz”, pone ante nosotros una puesta en escena, que a pesar de su brevedad y la condición de aficionados de sus actores, logran hacernos llegar un texto magistral y elevarlo a la categoría de profesionalidad.

El Encinar ha sabido acoger con la familiaridad y entrega que sus habitantes demuestran por actividades que se viven en comunidad, un montaje que llevaba tiempo esperando. Uno de los actores más conocidos de esta urbanización, ateo confeso, como el se declara, supo ver las posibilidades artísticas y culturales que “Teresa, la jardinera de la luz” aporta, y ha querido ofrecer el espectáculo como si de un regalo de Reyes se tratara a su comunidad. Reuniendo la complicidad de parroquia de Nuestra Señora de la Encina y el Ayuntamiento del pueblo, ha hecho posible un sueño, cálidamente aplaudido en una emocionante tarde de invierno en la que todo el calor se reunió dentro de la iglesia con esta puesta en escena. Y aunque la parroquia de nueva creación no reuniera en apariencia las condiciones que otras han ofrecido por su secular historia, belleza artística o cruce de caminos y gentes, sí ha sabido ofrecer un recibimiento emocionado por largamente esperado, que ha dado a la representación número 104 de esta obra un sentido especial por emotivo.

De nuevo las actrices de Lazarillo de Tormes con sus hábitos de carmelitas del siglo XVI, el dominico inquisidor subido en su púlpito, y el órgano del maestro Salinas, y sus melodías del Renacimiento hacen que el guión del irlandés Denis Rafter, nos trasladen a la época en que Teresa de Jesús vivió, en un mundo donde las férreas convenciones sociales hacían de la mujer un ser dependiente y oprimido por el entorno de varones que decidían el destino de sus mujeres. Parece mágico ver a un grupo de monjas defender su condición de mujer, que gracias a las enseñanzas de otra que se supo rebelar, consiguen vivir con rotundidad la autenticidad de palabras como libertad, amor, humildad, paciencia, razón o incluso obediencia y compasión. Teresa de Jesús nos enseña todas sus facetas de persona íntegra capaz de traspasar las fronteras de cualquier época. Los cuadros que esta singular obra de teatro ofrece son tan autónomos por la simbiosis que consiguen con la originalidad de la estructura textual, que da lugar a un espectáculo que parece tener vida propia como si el espíritu de la carmelita estuviera inmerso en él. El resultado supera la elocuencia de las palabras que lo intenten explicar. Pero lo que sí que resulta palpable en cada actuación, es la acogida de un público, distinto en cada localidad, que coincide en lo inefable de esta obra, aún en el caso de haber acudido a su representación en más de una ocasión, como ya han hecho numerosos espectadores.

La iglesia del Encinar ha sido un telón de fondo cargado de emoción y sinceridad en sus espectadores que han creado un marco maravilloso en el que “Teresa, la jardinera de la luz” ha dado sus frutos de nuevo, mientras fuera la deseada lluvia regaba los campos de unas gentes que saben mucho de esto y lo comparten con los demás para llenar el mundo de sentido.

     
 
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