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Sí, quiero seguir a Jesús



10 de Enero de 2016
Redacción
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Comentario a la Fiesta del Bautismo del Señor, a cargo de Miguel Díaz Sada ss.cc.


(Fotografía de Eduardo Blanco)

¿Qué había hecho Jesús durante más o menos 30 años en el pequeño pueblo de Nazaret? Poco sabemos, por no decir nada. En todo caso, algo se iría fraguando en el corazón de aquel joven-adulto para mostrarse tan decidido cuando sintió la llamada de Dios al ser bautizado por Juan en el río Jordán.

El cielo se abre, Dios le declara hijo suyo y le confía la misión del “siervo-mesías” descrita por el profeta Isaías. El Espíritu se apodera de Jesús y le irá guiando durante toda su vida. En actitud filial, Jesús acepta de corazón la misión recibida y se identifica totalmente con ella, hasta el extremo de morir antes que cambiar el rumbo que la causa de Dios y la causa del hombre marcan a su vida.

Pedro hace una síntesis maravillosa de Jesús: “pasó su vida haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal porque Dios estaba con Él”.

También nosotros hemos sido bautizados. También para nosotros se abrió el cielo y, llamándonos por nuestro nombre, Dios nos declaró hijos suyos; también a nosotros se nos encomendó una tarea: la de continuar la misma misión de Jesús, nuestro hermano mayor.

Nos bautizaron de niños. Nuestros padres -y padrinos- nos dieron entonces voz y corazón y se comprometieron por nosotros. Les estamos muy agradecidos; fueron ellos quienes pidieron que nuestros nombres fueran escritos en el Libro de la Vida y quienes nos pusieron en la senda del Evangelio. Nos enseñaron a orar y nos iniciaron en la experiencia de Dios. En el amor de nuestros padres vislumbramos el amor de un Dios Padre y Madre

Este domingo, los cristianos estamos invitados a personalizar nuestro bautismo. Queremos renovar nuestro compromiso de vivir siguiendo los pasos de Jesús: “Sí, quiero ser discípulo de Jesús; sí, me comprometo a tener el evangelio como criterio fundamental de mi vida. Sí, creo, me fío y me entrego”.

A las palabras de Dios, “tú eres mi hijo”, respondemos admirados y agradecidos: “Padre”. La oración del Padrenuestro es y seguirá siendo el gran regalo de la comunidad cristiana a los nuevos bautizados.

 
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