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El fin de la epidemia de sida



09 de Diciembre de 2015
Carlos Barahona Nieto ss.cc.
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La Casa Samuel de Cáritas Salamanca celebró el primero de diciembre, como todos los años, el Día Internacional de Lucha contra el SIDA. A las 19h30 hubo una eucaristía en la parroquia vecina de la Santísima Trinidad y después una merienda cena en la Casa. Además de los acogidos, de los trabajadores y de los voluntarios, participaron otros colegas de Cáritas y algunos amigos. La presidió el delegado episcopal en Cáritas Moisés Sánchez, junto con el párroco José Vicente Gómez y los hermanos de los SS.CC. Santiago Angulo y Miguel Díaz, voluntarios en la casa. Destacamos la excelente animación de un pequeño coro amigo, que ya participó el año pasado.


Entre los símbolos de las ofrendas figuraba un gran lazo rojo que contiene aquello que se necesita para luchar contra esa enfermedad que se ha cronificado: prevención, igualdad, salud, amor, alegría, vida, ayuda, acogida, información, dignidad, acompañamiento, derechos, escucha, aceptación, cercanía, comprensión, compromiso y tratamiento.

Por otro lado en el diario salmantino La Gaceta de esa mañana apareció una entrevista sincera y clara, a pecho descubierto, de uno de los residentes: Eduardo Martínez Bañales, coruñés de 49 años. Una víctima de aquellos capos narcotraficantes, combatidos por las valientes madres de los afectados, que se lucraron con la desgracia ajena. Muy joven, en los trágicos años 80 del siglo XX, se inició en las drogas: porros, heroína y cocaína, además del tabaco. A sus 23 años le diagnosticaron ser portador del VIH. En aquellos tiempos combatirlo era imposible, así que la enfermedad se le desarrolló. Y además la hepatitis C. Se contagió seguramente por una jeringuilla, afirma.

Saberse enfermo fue durísimo. Pensó que moriría pronto, pero el cambio de vida, apoyado por familia y amigos, y los progresos de la investigación lograron alargársela. Es un resistente, tocado, débil y con pocas defensas, pero sigue luchando con coraje. La metadona le ayuda. Nunca ha bebido mucho, ahora nada, pero continúa apresado por el tabaco, aunque fuma menos. Una recaída le supuso la ruptura con su mujer. Habían logrado evitar el contagio tomando precauciones, o sea usando preservativos. Tuvieron una hija, hoy a punto de cumplir 24 años. Al concebirla ya era portador sin saberlo aún. Hubo suerte: el feto no se contagió. Hoy la chica vive con su madre en La Coruña.

El desarrollo de los antirretrovirales ha beneficiado mucho a los enfermos. En los 80 tomaba 10 pastillas por la mañana y otras tantas por la noche. Pero se saltaba las tomas porque le producían vómitos. Le operaron incluso del estómago. Después repitieron la operación por una puñalada, que le infligió un ¡amigo!, además de otra en el corazón, “por la cara”, dice. Es decir, que desconoce los motivos. Hoy sólo toma Kivexa, Keppra y Reyataz 200 en el desayuno y en la cena.

Eduardo recomienda no bajar la guardia, no olvidar que el sida sigue siendo una amenaza y que lo mejor es la prevención. Este año la propaganda habla de la “respuesta rápida para acabar con el sida”. Y propone diversas medidas: Podemos acelerar la respuesta al sida…

• Si otros 27 millones de hombres en contextos de alta prevalencia se someten voluntariamente a la circuncisión médica.

• Si el 90% de las personas en tratamiento presentan una carga viral suprimida, con lo que se mantendrán sanos y se reducirá el riesgo de transmisión del VIH.

• Si alcanzamos cero nuevas infecciones por el VIH en los niños y mantenemos a las madres vivas y con buena salud.

• Si el 90% de las personas que viven con el VIH conocen su estado serológico.

• Si el 90% de las mujeres y niñas no sufren desigualdades de género ni violencia de género, lo que reduce el riesgo y las repercusiones del VIH.

• Si el 90% de las poblaciones clave tienen acceso a servicios de prevención combinada del VIH.

• Si el 90% de las personas que viven con el VIH, son vulnerables al virus o se ven afectadas por él, informan no sufrir ningún tipo de discriminación.

• Si el 75% de las personas que viven con el VIH, son vulnerables al virus o se ven afectadas por él, y que sufren necesidades, se benefician de una protección social que tenga en cuenta el VIH.

• Si el 90% de los jóvenes están en condiciones de protegerse del VIH.

• Si el 90% de las mujeres y los hombres tienen acceso a programas combinados de prevención del VIH y servicios de salud sexual y reproductiva.

• Si el 90% de las personas que saben que están infectadas por el VIH reciben tratamiento antirretrovírico.

• Si la inversión económica mundial para la respuesta al sida alcanza al menos 30.000 millones (de dólares).

• En resumen, se trata de: Poner fin a la epidemia de sida como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

No es poco lo que hay que hacer, pero lo sabemos y es posible realizarlo. Hacen falta voluntad política, toma de conciencia, recursos y afán de lucha. Que Dios nos ayude en esta loable tarea.

     
 
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