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II Domingo de Adviento



05 de Diciembre de 2015
Redacción
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Comentario al segundo domingo de Adviento, de la mano de Miguel Díaz Sada ss.cc.


Pasar por la Puerta Santa de Belén y de Bangui

Pasado mañana, fiesta de la Inmaculada, el papa Francisco abrirá la Puerta Santa, inaugurando el Jubileo de la Misericordia. Hace unos días, en su visita a África, anticipó esta apertura: "Hoy, decía el papa, en esta tierra sufriente también están todos los países del mundo que están pasando por la cruz de la guerra. Bangui se convierte en la capital espiritual del mundo”.. Después de abrir la Puerta Santa de una sencilla catedral, añadió: “Todos nosotros pedimos paz, misericordia, reconciliación, perdón, amor. En toda la República Centroafricana y en todos los países del mundo que sufren la guerra, pidamos la paz”.

Bangui, “capital espiritual del mundo”. Como lo fue Belén. En el Año Santo de la Misericordia, Navidad es la PUERTA SANTA de Dios. Una puerta que se abre del cielo hacia la tierra y aparecen la Bondad y la Ternura de Dios.

Adviento será, pues, peregrinación hacia Belén y hacia los muchos “Bangui” de nuestra tierra. Tanto en Belén como en los pobres de la tierra, experimentaremos la Bondad y la Ternura de Dios. De ellos, de Jesús y de los pobres –los preferidos de Dios- recibiremos nosotros la misericordia y el perdón del Padre.

¿Qué podemos hacer en este Adviento? Acercarnos a Jesús y dejar que “su forma de tratar a los pobres, sus gestos, su coherencia, su generosidad cotidiana y sencilla, y finalmente su entrega total...” hablen a nuestras vidas. Acercarnos a los pobres, tocar sus llagas, como hacía Jesús, dándoles cariño y compartiendo nuestro pan.

Pasando por la Puerta Santa de Belén y de Bangui, por la puerta de la casa de Jesús y por la puerta de las casas de los pobres, entraremos en un mundo, donde la misericordia y el perdón harán nuevas las relaciones entre Dios y los hombres, y entre todas las naciones. Bangui será el centro de donde irradiará la luz; hacia Bangui caminarán todos los pueblos, no para extraer y arramblar sus riquezas naturales, sino para escuchar y acoger la Buena Noticia de la Navidad: Gloria a Dios y Paz en la tierra. Los pobres nos habrán hecho entender que sin ellos vamos hacia un mundo sin salida. Solo la Misericordia de Dios y el amor a los Pobres y de los Pobres nos permiten vislumbrar un futuro donde todas y cada una de las criaturas encontraremos la armonía y la paz.

 
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