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Más allá del sol



15 de Noviembre de 2015
Redacción
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Con el dolor por los atentados de París, celebramos el Domingo. Una vez más, Miguel Díaz ss.cc. nos ofrece sus reflexiones en torno al Evangelio dominical.


Termina el año litúrgico. El evangelio nos habla de lo que acontecerá al final de la vida, de la historia, del mundo. Y lo hace con expresiones apocalípticas, de muy difícil comprensión para nosotros: El sol en tinieblas, los astros sin control; todo se tambalea; caos generalizado. Para los que conocemos a Jesús, su vuelta no puede causar pánico. Todo lo contrario; es fuente de confianza y de esperanza. Lo ha expresado con mucho acierto el papa Francisco.

Más allá del sol, más allá del tiempo y del espacio, nada de destrucción ni de miedo. Nos encontraremos cara a cara con la infinita belleza de Dios y comprenderemos el misterio del universo. Todos - y toda la creación – disfrutaremos de la plenitud sin fin. Todo lo que de bueno hay en nosotros y en el mundo formará parte de la fiesta del Cielo. La Vida Eterna será un “asombro compartido de todas las creaturas”. Todas, luminosamente transformadas por la Presencia de un Dios Creador y Padre. Cada una en su lugar, pero todos disfrutando y alegrándonos de que los pobres hayan sido definitivamente liberados, ocupando un lugar privilegiado en la Casa común del cielo.

Con ocasión de la muerte de personas amigas, pienso: A lo largo de sus vidas han buscado el rostro de Dios en la oración, se han encontrado en la fe con Jesús, se han entregado al servicio de sus hermanos. ¡Qué asombro para ellos contemplar el rostro de Dios tan buscado en la tierra! ¡Encontrarse personalmente con Jesús después de haber caminado con El, entre luces y sombras, en la ausencia y en los tenues indicios de su presencia! Con profunda emoción, habrán exclamado: ¡Es Jesús, el Señor! ¡ Este es el nuevo mundo que tanto hemos deseado y por el que hemos entregado nuestra vida en la tierra !

Mientras tanto, nos dice el papa Francisco, “caminemos cantando”, “unámonos para hacernos cargo de esta casa que se nos confió”; que nuestras luchas y preocupaciones no nos quiten el “gozo de la esperanza”.

Sí, vamos viajando hacia la casa común del cielo. Y no estamos solos. En el corazón de este mundo sigue presente el Señor de la Vida que nos ama tanto. Su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos.

¡Alabado sea!

 
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