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“… y lo seguía por el camino”



25 de Octubre de 2015
Redacción
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Comentario al Evangelio dominical, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc., párroco de los Sagrados Corazones de Madrid.


El relato evangélico de hoy, curación del ciego Bartimeo que estaba sentado al borde del camino, es el contrapunto del leído el domingo pasado que nos narraba las pretensiones y ambiciones de los hermanos Santiago y Juan.

Cuando estos se le acercan, Jesús les pregunta ¿qué queréis que haga por vosotros? Idéntica pregunta hace al ciego: ¿Qué quieres que haga por ti?

Contrasta, en cambio, la respuesta tan distinta de unos y otro. Los dos hermanos buscan sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda, o sea, buscan poder y prebendas, considerando a Jesús como un gobernante poderoso; sin embargo, el ciego pide sencillamente poder ver, vivir en la luz. En cuanto le dicen que el Maestro le llama, acude presuroso, desprendiéndose del manto, su única posesión. Con ello el relato evangélico nos está insinuando que se despoja de cualquier cosa que le obstaculice el encuentro con Jesús, el Maestro, en quien tiene depositada su confianza.

La actitud del ciego rezuma fe y esperanza. En cuanto oye que Jesús Nazareno va a pasar cerca de él, siente que una gran esperanza brota en su corazón; esperanza que se transforma en súplica confiada e insistente que busca compasión: “Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí”. La regañina que muchos le hacen para que se calle, no hace sino aumentar su confianza en el Maestro.

Tu fe te ha curado, le dice Jesús. Entonces, recobrada la vista, lo seguía por el camino.

La palabra “camino” adquiere un sentido especial en el Nuevo Testamento para indicar el seguimiento de Jesús y la vida cristiana. En los Hechos de los Apóstoles leemos, por ejemplo, que Saulo perseguía a los “seguidores de este camino”, o sea, a los discípulos del Señor (Cf. Hech 9, 1 ss).

El relato evangélico nos propone hoy al ciego Bartimeo como modelo de todo discípulo de Jesús: encontrarnos con Jesús, y acudir a Él con entera confianza y desprendernos de todo lo que pueda impedir seguirle por el camino, llevando su mismo estilo de vida.

El evangelio sigue hoy invitándonos a caminar con Jesús, a seguirle. Ser cristiano es aceptar esa invitación: Si quieres ser mi discípulo … sígueme. ¿Cuál es nuestra actitud ante la llamada de Jesús? ¿Actuamos como el ciego del camino?

 
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