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Todos, por una humanidad fraterna y solidaria



27 de Septiembre de 2015
Redacción
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Nuevo comentario de Miguel Díaz Sada ss.cc. al evangelio dominical.


(Foto de Rafael Núñez Ollero)

Jesús sigue instruyendo a la comunidad que se va formando en torno a El, germen de nuestras comunidades cristianas y de la Iglesia. Les habla, y nos habla, de la postura ante los que “no son de los nuestros”.
Que el mundo sea una “aldea global” nos acerca geográficamente a la vez que nos hace tomar conciencia de nuestras diferencias. Conocemos mejor que nunca las distintas religiones del mundo, sabemos de los problemas internacionales y de las crisis políticas y económicas; las diferencias y las tensiones se dan también entre nosotros, incluso en la iglesia y en el seno de nuestras familias. En este mundo global y con ofertas tan variadas, queremos vivir el evangelio de Jesús.

Como personas y como grupos tendemos a protegernos y defendernos de todo lo que es distinto a nosotros. En quienes “no son de los nuestros”, encontramos lo negativo y en nosotros lo positivo. Es una identidad a la defensiva.

Jesús nos recuerda que el bien y el mal, el trigo y la cizaña, crecen mezclados. Seamos, pues, humildes y acogedores ante los “otros”. No solo debemos tolerarles. Se nos pide descubrir y valorar cuanto de bueno hay en ellos, y colaborar en toda causa buena.

Una aplicación práctica. Jesús nos habla del escándalo. Hoy día se dan situaciones escandalosas que aniquilan todo germen de esperanza en tanta gente sencilla y buena -los pequeñuelos del evangelio -: guerras soterradas y flagrantes, desigualdades e injusticias entre naciones, imposición e invasión de ideales hedonistas, crisis financieras provocadas, información sesgada e interesada ... Todos “son de los nuestros” en la lucha contra tales escándalos.

Renunciemos a todo lo que haya que renunciar, por difícil que parezca, como indica Jesús con expresiones tan plásticas como “cortarte la mano”, “sacarte un ojo”, para construir entre todos un mundo más humano y solidario. Nosotros, los cristianos, desde la fidelidad al evangelio; los demás, desde sus propios principios. Al fin y al cabo, todos somos “icono-imagen” del mismo Dios Creador y Padre.

“La gloria de Dios es que el hombre tenga vida”.

 
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