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Pablo Bernal ss.cc., desde Chile



26 de Agosto de 2015
Pablo Bernal Rubio ss.cc.
(2) Comentarios

Saludos a todos desde La Unión, Chile, donde voy a vivir por un año como parte de mi formación como religioso SSCC.


Pablo (centro) en el Lago Ranco. Abajo, capilla de la comunidad ss.cc. de La Unión.

Hace un par de semanas ya que Fernando Cordero me pidió que escribiera algo para haceros partícipes de mis aventuras tras mi llegada a Chile. Pidiendo perdón por la tardanza, os hago llegar algunas de mis experiencias en este primer mes por acá.

Primero os quiero contar algunas de las cosas que más me impactaron los primeros días en Santiago, a modo de pinceladas, sin agotarlo todo.

Creo que es significativa la huella que me dejó ese primer instante en Santiago, tras salir del aeropuerto y poner por primera vez un pie en tierra chilena. Me impactaron dos cosas: la cordillera y el invierno. La cordillera de los Andes es omnipresente en Santiago, como una presencia casi viva, seña de identidad. No se parece a nada que yo haya visto antes. «Claramente, ya no estás en España, Pablo», parecía decirme. Y con más elocuencia aún, el invierno me hizo consciente de que, tras los miles de kilómetros recorridos, llegaba a otro mundo: otro tiempo, otro ritmo, nuevas experiencias; y que, por tanto, hacía falta nueva disposición por mi parte para adentrarme en lo que estaba por llegar. Creo que este invierno en mitad de mi verano ha sido el maestro que me ha hecho espabilar, disponerme desde el principio a no desaprovechar nada de lo que se me dé a vivir en este año.

En segundo lugar, os comparto la gran emoción de la profesión de Nico. La celebración fue muy bonita, y estaba impregnada de ese espíritu de familia Sagrados Corazones. Lo externo ayudó a vivir lo interno: la comunión al interior de la Congregación, que a pesar de las diferencias, ponía de manifiesto que Poldo y yo pertenecíamos a lo mismo que los hermanos de la Provincia chilena. También para mí fue importante la conciencia de ir en representación de tanta gente marcada por el paso de Nico por España: hermanos y hermanas, sanvictoreños, amigos… Como señaló el provincial, Álex Vigueras, parte del carisma de Nico consiste en su don para vincular unas personas con otras, crear redes, comunidades; y eso se hizo notar en la celebración.

La última de mis impresiones de nuestro paso por Santiago es el duro impacto que nos causó a Poldo y a mí la desigualdad que se vive en el país, desigualdad que la capital refleja. Nuestra entrada en Chile fue “por la cara B”, por sus poblaciones, o barrios de las afueras, con sus cuotas de violencia mezclada con represión policial, droga, pobreza. En medio de tan atípico turismo, fue hermoso conocer la sencillez con que viven los hermanos en comunidades en medio de esas poblaciones, y la potente presencia que significan las parroquias de San Pedro y San Pablo (vinculada a la vida y a la muerte del querido Esteban Gumucio) y de Damián de Molokai. Hermoso también ver que la gente vive su vida sin complejos, que el sol de invierno sale también para ellos, que se puede compartir la feria, la comida. Pero terrible, al encontrar luego en las zonas centrales enormes rascacielos e inmensas avenidas ajardinadas, que viven de espaldas a ese otro Santiago, a esa “cara B”.

Tras esas pinceladas de mis primeros días como “turista” en Chile, me gustaría mostraros cómo es la vida en La Unión, hablándoos de lo que nos define como religiosos: la comunidad y la misión.

La comunidad a la que me he integrado estaba formada por cuatro hermanos: Pablo Fontaine, que celebró recientemente sus 90 años y fue ordenado (hace la friolera de 65 años) en Miranda de Ebro; Armando Lanzani, argentino, y por ello conocido como “el Che”; Rafa Domínguez, entusiasta imitador de mi acento de español de Salamanca; y Javier Cárdenas, nuestro activo párroco (lo cual significa también hacer de chofer, transportista, futbolista, carpintero…).

Mi llegada a esta comunidad tranquila y trabajadora, ha conllevando dos complicaciones evidentes: que hay que hacer (mucha) más comida y que ahora hay dos Pablos. La gente improvisa como puede para distinguirnos: los más formales utilizan “Padre Pablo” y “Hermano Pablo”; los más familiares, “Pablo” y “Pablito”; el propio Fontaine propuso “Pablo el joven” y “Pablo el viejo”(pero tras conocerme se dieron cuenta de que no estaba tan claro cuál de los dos es el viejo); por último, las peumas (unas jóvenes vinculadas a los SSCC que hacen cada año de experiencia de comunidad y servicio) han optado por buscarme un sobrenombre para solucionar el problema: de momento se decantan por “Ole”, a pesar de mi evidente resistencia.

Por último, me gustaría terminar contándoos un poco a qué cosas me voy dedicando, para que no parezca que todo es pasear por Chile y estar en casa al calor de la estufa de leña (que es, por cierto, un verdadero regalo de Dios).

La obra confiada a la comunidad es la Parroquia de San José. El enfoque parroquial es muy interesante, organizado en torno a pequeños núcleos que conforman comunidades tanto en la ciudad (en torno a 10) como en el campo (unas 20). El trabajo, como podréis imaginar, es inmenso, y gran parte recae en los laicos de cada una de las comunidades.

En conversación con los hermanos, fuimos viendo que era bueno que pudiera dedicarme preferentemente a los jóvenes. Así, participo en distintas instancias de la pastoral juvenil y de varios voluntariados con jóvenes (como “Salida a la calle”, que consiste en visitar a las personas más pobres o ancianas, llevándoles comida y compañía). También estamos buscando la forma de poder abrir en la parroquia un espacio abierto a los jóvenes, en el que hacernos presentes entre ellos, con ellos.

Además, colaboro en un liceo de formación técnica con un profesor de “Formación humana” (una mezcla de las asignaturas de religión y ética en España) y haciendo un refuerzo de matemáticas a alumnos de unos 16 años. Por último, también tengo contacto con otras realidades: la cárcel, un comedor de ancianos pobres, un voluntariado de construcción para mejorar las casas…

Tras esta visión panorámica, me despido, contento por poder estar aquí, y agradecido a la Congregación que (a través de dos de sus dos Provincias) hace posible que disfrute de esta experiencia. Creo que va a ser muy buen año, al tiempo que siento que aún estoy en tiempo de “ir llegando”, de conocer y aprender la realidad, sus formas y ritmos. Así que… ¡todo a su tiempo!

  
 
Comentarios
 
1  |  Poldo  | 26-08-2015

Gracias Pablo por lo que cuentas y cómo lo cuentas. ¡Buen año!

 
2  |  j.m. bELZA  | 25-08-2015

Desde el retiro espiritual que estamos disfrutando, saludos cordiales. Menudo programa que espera. ¡Qué bien!. Enseña matemáticas. Abrígate y tiempos mejores vendrán.

 
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