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La Templanza



17 de Agosto de 2015
Redacción
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Isabel Gómez Acebo reseña en el número de agosto de la revista 21 la última novela de María Dueñas: La Templanza.


Fueron los novelistas costumbristas del siglo XIX, Galdós, Valera, Clarín, Pardo Bazán, los que recogieron ese género realista prácticamente perdido desde la picaresca cervantina de Rinconete y Cortadillo. Una nueva ola de esta literatura nació tras la guerra civil, con relatos en ambos bandos de la contienda, y donde se puede encuadrar la primera obra de María Dueñas, Entre costuras, que describe las vicisitudes de los primeros años de la guerra y posguerra en Madrid y Tánger, vistas desde la vida de una famosa modista que acaba aceptando el oficio de espía contra los alemanes.

Con La Templanza, nuestra autora abre el espectro geográfico dando un salto del viejo al nuevo mundo y configurando la acción en tres países distintos. La primera parte discurre en Méjico, donde desembarca un emigrante vasco, Mauro Larrea, que será el protagonista del libro. Pienso que la elección de un varón como protagonista –en sus otras obras eran mujeres– tiene que ver con hacer las Américas, una tarea prácticamente imposible para el género femenino. Viudo y con dos hijos pequeños, sus principios son difíciles, pero con trabajo e inteligencia acaba el español siendo un hombre rico.

Un golpe de mala suerte junto a una apuesta arriesgada le arruinan y se va a La Habana, donde se desarrolla el segundo episodio del libro, a buscar de nuevo la fortuna dando un salto del México republicano a la Cuba colonial con sus diferentes costumbres. En una memorable partida de billar, donde se juegan los contendientes el amor de una mujer, gana unas propiedades venidas a menos en Jerez de la Frontera, que es donde discurre el final de la novela.

El relato es entretenido y se lee con interés aunque la parte española, la más floja, no resulta muy verosímil en algunas partes. Una ambientación cuidada y rigor histórico permiten que el lector se pasee por unos escenarios que no le son familiares, tanto en los círculos poderosos, durante el apogeo del protagonista, como en los pobres en sus inicios y cuando le llegó la derrota.

El título del libro, La Templanza, se corresponde con el nombre de la sociedad que gana en la partida de billar. En este nombre se puede ver un doble juego porque es una virtud de la que Mauro Larrea carece, pero precisamente esa falta de moderación le llevaron a la riqueza, a la ruina y a un final feliz.

 
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