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Comentario al Evangelio dominical



02 de Agosto de 2015
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De la mano de Rafael Domínguez ss.cc.


"Yo soy el pan de vida . El que viene a mí no pasará hambre , y el que cree en mí nunca pasará sed".

Un joven le preguntó a su profesor :

- Profe, ¿por qué hay gente que tiene todas las cosas que uno ¡qué daría por tenerlas! y no son felices?

El profesor se interesó por la pregunta del alumno y buscó modos de comprender más profundamente lo que estaba pasando por la mente del joven y le dijo:

- Antes de responderte, considero que la pregunta que haces es muy importante, ya que apunta a uno de los deseos más grandes del ser humano, la felicidad. ¿Qué te ha llevado a hacerme esta pregunta ? El alumno le respondió:

- Lo que pasa profesor, es que yo no soy alguien de mucho dinero, más bien soy pobre, sin embargo me siento feliz a pesar de que hay muchas cosas que quisiera tener y no las tengo. Por otra parte, siento que soy rico en amor, en mi casa tengo muy buenas relaciones dentro de mi familia y con los vecinos, con quienes compartimos muchas de nuestras cosas y ellos de sus cosas, para que de esa manera a ninguno nos falte lo necesario para vivir. Ahora bien, conozco personas que están llenas de riquezas materiales, pero andan corriendo por la vida y no logran ser felices, y además muchas veces ese apuro frente a la vida la usan en contra de otros, generalmente personas más débiles y con menos recursos. Por eso mi pregunta.

El profesor, admirado por la sabiduría de su joven alumno, sintió que de alguna manera el joven se había respondido solo la pregunta inicial. Entonces lo invitó con un gesto con la cara y sus manos a que respondiera él mismo su pregunta. El chiquillo se puso a pensar y dijo:

- Claro, eso tiene que ser... Profe, es como el libro del Principito, cuando dice que "lo esencial es invisible a los ojos". Entonces lo esencial en la vida es el amor, que no lo vemos y sin embargo vemos sus frutos que nos llenan de alegría. Los bienes materiales, no son los que dan la felicidad.

El profesor contento con la respuesta de su alumno, le dijo:

- Has respondido muy bien. Efectivamente, los seres humanos nos podemos convertir en seres absolutamente insaciables y descontentos, sin nunca conformarnos con nada. Es lo que vemos también en ese consumismo enfermizo en que siempre está el descontento de nunca estar al día en las nuevas tecnologías, o lo suficientemente a la moda, o con deseos enfermos de tener mucho, mucho más.

Esta historia, puede reflejarnos en nuestros vacíos, en nuestras "hambres" de bienestar, de felicidad, de amor, de justicia, etc. Esas hambres, que están presentes en nuestro mundo, nos pueden arrastrar hacia la desesperanza y a la búsqueda de saciar esos vacíos, por caminos que nos dejan mucho más tristes y abrumados , lejos de la felicidad tan deseada.

San Agustín, nos ha dicho que nuestro corazón siempre estará inquieto mientras no descanse en el Señor. Precisamente el trozo del Evangelio de san Juan que se nos ofrece este domingo, nos habla de que Jesús es quien nos da el verdadero alimento, el alimento de Vida eterna, que es el mismo Jesús. Él es el alimento para quitarnos esa hambre que nos hace sentir vacíos en nuestro corazón, es la bebida que nos sacia y nos refresca el corazón que se nos puede ir secando cuando no buscamos caminar, como testigos del amor misericordioso de Dios, encarnado en Jesús.

 
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