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Profeta en su tierra



05 de Julio de 2015
Redacción
(0) Comentarios

Comentario al Evangelio dominical de la mano de María Isabel Morales ss.cc.


(Foto de Luis López ss.cc.)

¿Por qué cuesta tanto admitir a un profeta en su propia tierra?

Cristo da la respuesta, la falta de Fe de la gente, en este caso de sus parientes. Cuesta creer en una persona que ha convivido mucho tiempo cerca y ahora viene a dar lecciones de Vida.

La fe no es un mero sentimiento de la Presencia de Dios. Es caminar, sufrir, caer y levantase tratando de ser fieles a Dios.

En la actualidad nos pasa igual, nos cuesta trabajo aceptar su Palabra, vivirla, transmitirla y más aún cuando quien intenta transmitirla en muchas ocasiones es una persona con poca preparación. 


No nos olvidemos que si observamos la Palabra de Dios, éste acoge a los más sencillos, los más simples, para predicar, no elige al sabio o erudito, sólo elige a aquellas personas que tengan un corazón abierto dispuesto a acoger la Palabra, guardarla, meditarla, ponerla en práctica y compartir su experiencia de Fe con los demás hermanos. Hoy es día de agradecer a Dios por habernos regalado a todos los Bautizados, el don de la Profecía.

¿Qué pasaría si en el mundo de hoy viniese Jesús? Un hombre humilde, sencillo, sabio en sus palabras, claro y coherente, que nos hable del amor, el respeto, la honestidad, capaz de entregar su vida por el prójimo…

¿Le creemos? o comenzamos a cuestionar sus palabras, quizás la forma de decirlas, o su aspecto, su vida, con quién vive, cómo se viste, con quién anda, de dónde viene, qué hace, qué estudia, dónde trabaja, para quién trabaja, etc., etc.

Todo tipo de juicios caerían sobre él, ¿cuándo nos detenemos a observar desde una mirada esperanzadora y positiva?, ¿cuándo buscamos la buena intensión en el otro?

Si es muy bueno “algo debe andar buscando” o “algo debe querer conseguir”, “alguna doble intensión debe tener”.

¿En qué momento dejamos que hable el corazón? o incluso antes, ¿en qué momento escuchamos con el corazón?, sin prejuicios que solo nublan las buenas obras y acallan la voz del corazón.

¿Cuántas veces hemos sido espectadores de actos de discriminación?, del menosprecio, de la descalificación, de la injusticia, la soberbia y de tantas situaciones que bloquean el alma y anteponen la razón dura y cruel que se cree poseedora de una verdad absoluta por sobre las virtudes humanas.

Tantos años han pasado y que tanto hemos aprendido…

Nadie es profeta en su tierra.

 
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