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Evaluación



30 de Junio de 2015
Redacción
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Columna de Carmen Guaita en la revista 21 de este mes de junio.


soy maestra, estoy acostumbrada a los términos referentes a las evaluaciones. Así, considero evaluación continua a la observación diaria de cómo mis alumnos van superando los pequeños retos, y evaluación sumativa a los exámenes finales de cada trimestre o curso. Lo curioso es que, aunque empleo la evaluación sumativa para acostumbrar a los chicos y chicas de la clase a rendir cuentas de su trabajo, estoy convencida de que sólo la evaluación continua es verdaderamente pedagógica porque sirve para acompañar algo más profundo que los resultados: el progreso. Un día, y otro, y otro, en un esfuerzo continuado de maduración, de aprendizaje y de esperanza.

El caso es que en mi colegio, esta mañana, hemos tenido revuelo. Debíamos aplicar a los alumnos un examen superfinal, la terrible prueba CDI, organizada por la Administración para establecer los niveles de aprendizaje. Antes de marcharse, los chiquillos –muy nerviosos– han dejado sobre mi mesa una pila de folios escritos con su letra infantil. Cuando la clase ha quedado vacía de risas y gritos, y a pesar de que los folios me amenazaban con un juicio final sobre mi labor docente, he pensado sin querer en san Juan de la Cruz: “Al atardecer de la vida te examinarán del amor”.

Es curioso esto de las evaluaciones. Sabemos que antes o después llegará nuestra prueba CDI particular, para preguntarnos el primer tema de todos los temarios: cuánto hemos amado a nuestros hermanos. La gracia es que, desde los siete años aproximadamente, conocemos las preguntas de ese examen: van sobre el hambre, la sed, la enfermedad, la soledad y la justicia. Esa gran prueba será, a todas luces, sumativa: ante un tribunal, con aprobado o suspenso inmediato y sin recuperaciones en septiembre. Y sin embargo...

Sin embargo, aliviar la sed, acompañar la enfermedad, compartir el pan, vestir al desnudo y comprender al loco no son materias que uno vaya estudiando a nivel teórico hasta el día del examen. Tampoco se aplican, salvo en casos excepcionales, a grandes masas de seres humanos. Son, por el contrario, pequeños retos cotidianos que estamos llamados a superar, de persona a persona, de vecino a vecino. Un día, y otro, y otro, en un esfuerzo continuado de compasión, de entrega y de esperanza.

Va a resultar que cuando lleguemos a nuestra gran prueba CDI el examen lo tendremos ya hecho. La calificación de nuestra vida se rige por la evaluación continua. Qué visión tan certera tiene el Maestro.

 
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