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Basta que tengas fe



28 de Junio de 2015
Redacción
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Comentario al Evangelio dominical, de la mano de Miguel Díaz Sada ss.cc.


(Foto de Rafael Núñez Ollero)

Dos frases clave de Jesús iluminan el sentido del evangelio de hoy. A la mujer cuyas hemorragias no se detenían: “tu fe te ha curado”. Y al angustiado Jairo, ante la muerte de su hija: “No temas, basta que tengas fe”.

Más allá de los dos casos concretos del relato, las palabras de Jesús quieren ser buena noticia de esperanza para todos los que pasan o pasamos por situaciones de enfermedad y para quienes enfrentan la realidad dolorosa y dura de la muerte.

Pero, ¿cómo entender las palabras de Jesús, cuando con tanta frecuencia los enfermos no curan y mueren? Jesús quiere dar un sentido humano y cristiano a la enfermedad y a la misma muerte.

De Jesús sale una fuerza curativa: el que cree en El recibe la capacidad de enfrentar la enfermedad como parte de la vida; no ve en ella ni castigo de Dios ni abandono de Dios. Dios ama la vida. Se trata del proceso natural de todo organismo vivo. En Jesús, Buen Samaritano, Dios se acerca y acompaña a todo el que sufre en el cuerpo o en el corazón, dándole serenidad y paz. “Tu fe te ha curado”: a todo creyente, la fe en Jesús le abre un horizonte de vida también en medio de la enfermedad. En este sentido, Jesús es curación para todos.

Y ante la muerte, Jesús nos dice: “Basta que tengas fe”. Nosotros creemos en un Dios que quiere y ama la vida también en este mundo; por eso hemos de luchar contra la muerte y contra todos los signos de muerte para que triunfen la vida y los signos de vida. Esta fue la razón de vivir de Jesús y la razón de vivir de quienes queremos seguirle.

Cuando Jesús muere, pone su vida en manos del Dios de la Vida y Dios no le defrauda: le acoge, le resucita , y ¡vive entre nosotros!

En el momento de la muerte, también nosotros pondremos nuestra vida en manos de Dios, y Dios hará realidad los mejores sueños de nuestro corazón creyente: sueños de amor, de bondad, de paz; sueños de reconciliación y de fraternidad universal por los que, siguiendo a Jesús, trabajamos en el día a día de nuestra vida aquí en la tierra.

“Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Lo crees?” Jn 11,25.

 
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