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Canto agradecido al Dios Amor



31 de Mayo de 2015
Redacción2
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Comentario a la solemnidad de la Trinidad, de la mano de Osvaldo Aparicio Jiménez ss.cc.


La Fiesta de la Santísima Trinidad es un canto al Amor de Dios que se comunica y derrama en la creación y en nosotros a lo largo de la historia, que es Historia de Salvación; por eso, es también día de acción de gracias y reconocimiento al Dios Amor porque estamos inmersos en Él: En Él vivimos, nos movemos y existimos (Hech 17,28).

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, confesamos en el Credo. La Biblia, para hablarnos de Dios, no emplea figuras geométricas ni conceptos filosóficos. Nos va narrando sencillamente que “Dios es un Dios Amor”, que no se encierra egoístamente en su soledad, sino que se comunica a través de sus obras y Palabra.

El Amor es, en primer lugar, creador. Su deseo es comunicar su bondad y establecer lazos de amistad con nosotros. Así se inicia el Génesis: En el principio creó Dios el cielo y la tierra …, y vio Dios que era bueno.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Cuando el hombre rompe, por el pecado, la amistad divina, el Amor creador no se desentiende de nosotros, sino que se transforma en Amor salvador: Tanto amó Dios al mundo que envió a su único Hijo… para que el mundo se salve por Él, pues el Hijo, Jesús, nos amó hasta el extremo y se entregó a sí mismo por nosotros.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Jesús, hoy, en el evangelio nos promete que estará con nosotros hasta el fin del mundo. Esta presencia de Jesús resucitado se hace realidad de una manera especial al derramar en nosotros su Espíritu de Amor.

Celebrar la fiesta de la Santísima Trinidad es celebrar y entonar un canto agradecido al Amor de Dios, pues por el bautismo nos sumergimos en el Amor. Jesús nos dice hoy: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

En los primeros siglos de la Iglesia se administraba el bautismo por inmersión, o sea, sumergiendo al bautizando en la piscina bautismal; con este gesto se significaba que somos sumergidos en el océano infinito del Amor y de la Vida de Dios, comunicándonos su Amor y su Vida. Así lo expresa hermosamente san Pablo (2ª lect.): Habéis recibido no un espíritu de esclavitud para recaer de nuevo en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abbá! ¡Padre!

 
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