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El plus de San Damián



28 de Mayo de 2015
Salvador Gutiérrez Galván
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Viajo todos los días en mi coche desde Jerez de la Frontera a Sevilla. Después regreso a casa, sobre las ocho de la tarde. Es mi forma de trabajar y, tantas veces, la carretera pesa. Uno va casi siempre dando vueltas a los quehaceres y problemas del día a día, recabando constantemente en la necesidad imperiosa de solucionar los problemas, los inconvenientes del trabajo, el poder llegar a fin de mes y todas esas cosas que pensamos el resto de mortales. Y, sintiéndolo mucho, la rutina hace que pasemos cada día por el mismo sitio sin prestar atención a lo que nos rodea.


Hace unos días, al tomar el atajo de Guadalcacín para salir a la autopista A4, el semáforo en rojo me sirvió para detenerme en la casa que pueden ver en esta foto. Observé que el azulejo junto a la entrada exponía la figura de San Damián. - ¿De quién será esta casa? - , cavilé.

Mi inquietud periodística me lleva todos los días al deseo de detener mi coche, llamar al telefonillo y, simplemente, preguntar. - Pero, ¿por qué tienen a San Damián en la puerta?. Lo he intentado tantas veces y siempre voy con el tiempo justo. Sin embargo hoy decido escribir estas líneas para indicar que, a veces, no es nuestro propósito lo que Dios quiere de nosotros. ¿O quizás si? Me explico.

En la conducta cristiana, a la que me debo, he aprendido que entre la providencia y la determinación existe una duda razonable, tantas veces difícil de resolver. Por eso, últimamente tomo el primer camino y, aplicando lo que denomino El PLUS, intento que el Espíritu Santo se exprese. Quizás Dios no quiere que indague demasiado. Quizás Él me haya puesto ese azulejo, simplemente, para que reflexione o, a modo de regalo.

Es verdad. Durante los cincuenta y tres segundos que duró el semáforo en rojo tuve tiempo para entender cómo una simple imagen puede significar tanto. Hace unos años no hubiera sabido quién era ese tal Damián. Ahora lo sé porque Dios me ha regalado la posibilidad de acercarme a los Sagrados Corazones, de conocer a personas formidables, de saborear aquella vida de San Damián de Molokai (una vida sin duda adaptada al PLUS que él aplicó para dejarlo todo en favor de los más necesitados).

Así que, a veces, no hay que hurgar tanto en las cosas. Esa es mi conclusión. Dejemos que el PLUS actúe y hagamos algo que, dentro de la cotidianidad, se pueda entender como milagroso. Puede que eso sea lo que me quiera indicar Jesús. Puede que ese azulejo sea mi regalo de hoy y que Dios me esté diciendo, simplemente: - “Saborea lo que tienes”.

Sí. Lo tengo claro. Llamaré a mi amigo el Padre Damiano y le invitaré a casa a cenar. Llamaré a mi amigo, el Padre Fernando y preguntaré como está. Y daré gracias a Dios por haber conocido a estos hombres consagrados a Dios y poder acercarme cada vez más a los Sagrados Corazones.

  
 
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