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Una Iglesia "en salida"



12 de Abril de 2015
Redacción
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Comentario a las lecturas dominicales de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


El Papa Francisco insiste reiteradamente que la Iglesia debe ser una Iglesia “en salida”, misionera, que no se debe quedar encerrada en sí misma, sino que salga a anunciar el mensaje evangélico a las “periferias humanas”, allí donde no se conoce a Jesús y allí donde hay situaciones de marginación: pobreza, sufrimiento, enfermedad, soledad …

Hoy el evangelio nos habla precisamente de que, tras la muerte del Maestro, los discípulos estaban en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos; pero después los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor, como nos cuentan los Hechos (1ª lect.).

Los discípulos pasan del miedo que los tenía encerrados, a salir fuera para testimoniar valientemente su fe en el Maestro Resucitado. El grupo de los creyentes, antes medrosos, se transforma en una comunidad entusiasta y “en salida”. ¿Qué ha sucedido para que se produzca un cambio semejante?

El evangelio nos da la clave para comprender esta transformación, incluida la del “agnóstico” y positivista Tomás, incapaz de creer el testimonio de sus compañeros si no veía y palpaba la señal de los clavos y la llaga del costado.

El evangelio nos narra también que, estando reunidos los discípulos, en esto entró Jesús y se puso en medio de ellos y que, ocho días más tarde, estando también Tomás, llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio de ellos.

La expresión se puso en medio de ellos nos está sugiriendo que Jesús Resucitado caló en lo más hondo de los discípulos, que penetró en lo más íntimo de sus existencias y que aquel grupo de los discípulos, medroso, sintió y experimentó que el Maestro Crucificado había resucitado y estaba Vivo y presente en medio de ellos. Esta experiencia profunda transformó sus vidas, llenándolas de alegría y valor.

No fue el ver físicamente lo que disipó los miedos de los discípulos, ni el tocar y palpar lo que doblegó al incrédulo Tomás, sino el experimentar que el Resucitado se había adueñado de su corazón. La confesión de Tomás lo resume todo: ¡Señor mío y Dios mío!

Experimentar a Jesús Resucitado convirtió al grupo de los discípulos en una comunidad “en salida”, misionera.

La fe en Jesús Resucitado no surge de la búsqueda de argumentos y evidencias de los sentidos como pedía Tomás, sino del encuentro profundo y confiado con Jesucristo: Dichosos los que crean sin haber visto.

Esta es la invitación que el Papa nos hace a todos: Invito a cada cristiano en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso (E.G. 3).

Este encuentro hará de nosotros y de nuestra parroquia una comunidad misionera, dispuesta a salir a las periferias humanas para comunicar la alegría del Evangelio que llene el corazón de todos los que se encuentren con Jesús Resucitado.

 
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