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Entrevista a José Beltrán



27 de Marzo de 2015
Fernando Cordero ss.cc.
(1) Comentarios

En el boletín provincial "Nosotros SS.CC." del mes de marzo, aparece esta entrevista que hemos realizado a José Beltrán, director de la revista Vida Nueva. Podéis acceder aquí a la entrevista completa, también al PDF de la misma.


“La búsqueda de la verdad implica no enjuiciar,

no lanzar dardos envenados, no jugar con rumores o certezas que no están comprobadas”

Cuando en octubre pasado se estrenaba como director de Vida Nueva, comenzó su cita semanal con “Notas al pie”. Él mismo se definía en breves pinceladas como alguien que “viene a servir” al que le encanta la heredad recibida. Y creo sinceramente que así es. José Beltrán procede de un periodismo activo en La Razón, con una dilatada experiencia en diversos campos comunicativos. Es un laico nacido en la familia calasancia, con un gran bagaje en la Pastoral Juvenil –raro que no tenga una guitarra en su despacho- y una pertenencia gozosa y activa a la Iglesia. Del carisma calasancio ha heredado la humildad y la paciencia. Y del beato Faustino Míguez, un referente de altura para “medirse” en el seguimiento de Jesús para hacer las cosas con rigor y calidad. Jose es de esas personas que escuchan, que es poco protagonista y que se interesa por su interlocutor. Es alguien accesible, disponible y con una agradable conversación. Hablar con él es sentirse en el mismo barco, el de la “misión compartida”.

¿Cómo te definirías a ti mismo?

Si tuviera que hacer una tarjeta de presentación, hoy tendría que incluir que soy director de Vida Nueva. En la piel, llevo tatuada la escuela calasancia. Pero si toca definir, me registraría en la RAE como un hombre en búsqueda y, por tanto, inquieto. Quizá esta sea una de las características propias de los periodistas. O mejor, de un cristiano. En tiempos en los que el Papa Francisco nos ha invitado a todos a salir de nuestra zona de confort, siento que me invita a continuar dando rienda suelta esas inquietudes para hacer presente el Evangelio de Jesús de Nazaret a través de los medios de comunicación. Comunicar la Buena Noticia es la misión que siento que se me encomienda hoy con la audacia, la creatividad y la valentía que exigen estos tiempos. No sé si estas tres últimas cualidades las tengo, pero siento que algo de ellas me han sido regaladas y no me las puedo quedar para mí.

De La Razón a Vida Nueva, un gran “salto” en tu vida profesional. ¿Cómo lo llevas?

La verdad es que ha sido un bautismo por inmersión. Hasta ahora no me ha dado tiempo a echar de menos el periódico, pero sí a valorar que todo lo que soy en lo profesional se lo debo en gran parte a La Razón. Ha sido mi casa, allí he crecido en las páginas de Opinión, he disfrutado en los ecos de Sociedad y he madurado abordando asuntos como la Educación, la Sanidad y la Religión en una coyuntura no especialmente favorable. Indudablemente, aterrizar en “Vida Nueva” ha sido un salto. El día que me senté a repasar los nombres de los directores de la revista me sentí pequeño, algo inútil y bastante osado. Sé que la confianza que se ha depositado en mí es mucha y no oculto mi miedo en defraudar a los lectores de una publicación comprometida con la Iglesia y con esas periferias a las que muchos se encaminan ahora pero donde “Vida Nueva” lleva ya tiempo.

En la redacción de VN se aprecia el trabajo en equipo, las nuevas iniciativas… Dinos cuál es tu programa como director de la revista.

Vida Nueva tiene una historia en muchos casos de avanzadilla y con una visión profética, que hace que la publicación sea mucho más que una simple revista de información. Con esta premisa por delante, uno es consciente de que no es más que un punto en esa larga trayectoria de la revista, que no necesita ni precisa una refundación y menos aún tocar los pilares básicos de su línea editorial. Si se puede calificar como programa, uno de mis objetivos claros es que la revista entre en el lenguaje actual de los medios, que deje de ser una publicación reactiva para ser un producto periodístico proactivo, que se adelante a los acontecimientos y sea la primera en invitar a la reflexión sobre los asuntos más determinantes en este momento para la Iglesia y en diálogo con la sociedad. Indudablemente el asalto a la plataforma digital es otra de las asignaturas que considero pendientes en esta nueva andadura.

Tus “Notas al pie” tienen un estilo conciso, muy en consonancia con esta era del twitter.¿Estás satisfecho con esta manera de comunicar?

Está claro que el mundo no se puede resumir en 140 caracteres, pero no menos cierto es que en muchas ocasiones se necesitan pocas palabras para expresar lo que uno vive, lo que uno es. El amor se queda pequeño para un tuit, pero se puede hacer tan pequeño como un hastag. Como periodista, me he acostumbrado a resumir cuando toca aglutinar la compleja realidad en un titular o a “estirar” una información hasta límites insospechados porque “sobra” papel. Por eso Twitter se presenta como un reto nuevo para quienes aman la escritura y les gusta jugar con el lenguaje.

Comprometido con el ambiente calasancio, en la Diócesis de Getafe… ¿Cómo observas el papel de los laicos en la Iglesia?

Durante las últimas semanas me he visto obligado a documentar y reflexionarme sobre este asunto. De entre las cientos de definiciones y referencias que he manejado…. Considero que estamos viendo, como dice Don Antonio Montero, un cambio de época más que una época de cambio. Y esto se palpa también en el laicado. Hemos pasado de un laico adolescente a un laico adulto, de sujeto pasivo receptor a un agente activo, de un laico “parche” que suple la falta de vocaciones en las obras apostólicas en las parroquias a un laico que se siente corresponsable de la misión de la Iglesia con sus hermanos los religiosos y los sacerdotes.

Desde este lugar significativo de Vida Nueva, ¿detectas cambios en la Iglesia española?

Sí. Y cada vez más. Desde que hace justo ahora dos años, Francisco inicio su Pontificado, venimos hablando de gestos, anunciando una revolución curial… Pues bien, desde hace unos meses percibo que esa primavera ha llegado a nuestro país. Se siente en los mensajes conciliadores que surgen de Añastro, en el nuevo talante que se ve en la calle Bailén, en el perfil de los nuevos obispos nombrados por Francisco, en el cardenalato de Don Ricardo Blázquez, en los puentes que comienzan a verse de nuevo de los obispos a los religiosos, en la propia mirada de la sociedad hacia la Iglesia… Son signos de cambios profundos. Eso sí, uno puede ver señales pero lo que nos toca es asumirlas como nuestras. El éxito o el fracaso de la Iglesia con la que sueña Francisco, no sólo depende de él, sino de que sea un sueño compartido por todos, y por cada uno de nosotros. Ya puede estar atento Bergoglio para descubrir por dónde sopla el Espíritu, que como a los demás nos pille más pendientes de lamentarnos, esa revolución se quedará en nada.

Estamos en el Año de la Vida Consagrada y de Santa Teresa de Jesús. Ofrécenos unas “Notas al pie” de estas efemérides.

La Vida Consagrada es entrega. Sabe a misión compartida. A mujer. Cuando en este país no se hablaba de cuotas ni se imaginaba a una mujer ministra, ellas, las religiosas, eran las grandes emprendedoras de las aulas, los hospitales y la asistencialidad de este país. Mujeres amigas fuertes de Dios, como la de Ávila. No se detuvo. Ante nada. Ante nadie. Teresa de Jesús. Emprendedora. Sin dudarlo. Ni Koplowitz ni Botín. Ella, por delante. Y al servicio. Sin temor a ser enjuiciada, porque sabía que contaba con el mejor de los avales. Enamorada de su Señor, apasionada de su misión. La Iglesia que sale a los caminos, que no se queda encerrada en sí misma. La escritora que arriesga, que no se achanta ante inquisidores de normas apolilladas. Y de Jesús. Siempre de Jesús. Sufrió. Padeció. Pero también sonrió. No se detuvo. Caminó. Pongamos estos verbos en presente. Una receta para la Vida Consagrada.

¿Cuál es tu análisis sobre la información religiosa en España?

Lamentablemente, veo con preocupación un sector de la información religiosa: el mundo digital. Creo que nos hemos contagiado de ese ambiente enrarecido de la político de buscar la confrontación y se ha creado un periodismo de trincheras. Como comunicador, siento que tenemos que estar al servicio de la verdad y esa búsqueda de la verdad implica no enjuiciar, no lanzar dardos envenados, no jugar con rumores o certezas que no están comprobadas. Me preocupa que contagiemos al internauta de esta visión politizada de la Iglesia.

Tú comunidad de vecinos es el diálogo interreligioso encarnado en un descansillo por marroquíes, ecuatorianos y rumanos. ¿Cómo va ese diálogo?

Ahora, con novedades, porque en el rellano del quinto se han incorporado unas estudiantes universitarias chinas que son encantadoras. La verdad es que en las últimas semanas estoy reflexionando en torno al tema del yihadismo y cómo nuestra apuesta tibia por una integración real puede crear guetos que sean caldo de cultivo para el extremismo. Creo que no somos conscientes de todo el bien que podemos hacer si nuestras parroquias y nuestras escuelas se convierten en casa de acogida para el diferente. Soy un convencido de que el diálogo interreligioso a pie de calle derrumba el fundamentalismo.

No te echan de la pastoral de tu cole de las calasancias de Getafe ni con un jarro de agua fría. ¿Y eso?

Lo han intentado, pero han visto que me soy más difícil de quitar que las manchas de grasa. Es mi casa. Me lo hacen sentir así en cada momento. Me siento educador calasancio, que busca desde la humildad y la sencillez acompañar al otro para encaminarle hacia el Buen Pastor. Y todo, con una máxima: “Quien hace voto de enseñar, lo hace de aprender”.

¿Quién fue Faustino Míguez?

Hay una persona cercana a mí que siempre que me presenta, dice: “Éste es Jose, amigo del padre Faustino”. Si me siento calasancio es porque él lo fue antes. Ver cómo supo confiar en Dios. Durante este último año, su lema de cabecera también lo es mío: “Dejad obrar a Dios, que Él sabe lo que nos conviene”. Toda la espiritualidad de este gallego que, destinado en Sanlúcar de Barrameda, descubrió la necesidad de crear una escuela para las niñas, se resumen en ese volcarse completamente en el Buen Pastor. De su vida, me quedo con su negativa a ser nombrado obispo. Y de sus facetas, os descubro hoy la de científico. Durante su estancia en Cuba, investigó el poder medicinal de las plantas y eso le llevo a crear diferentes medicamentos. De vuelta a Getafe, eran muchos los que acudían a ser curados por el padre Míguez. Tal era la afluencia que los farmacéuticos intentaron atacarle otorgándole el cartel de “curandero”. Fue de las cosas que más le enojaron, porque su trabajo era eminentemente científico y nada de oscurantismo había en sus fórmulas químicas. Yo soy de letras, no de ciencias. Sin embargo, sí reivindico el papel de Dios en nuestra razón, como lo hacía el beato Faustino.

Gracias, Jose, por lo que has compartido con nosotros, a corazón abierto. También esa transparencia es una manera de comunicar, muy necesaria para la Iglesia, que nos habla de la metáfora de la luz, la sal y de manos unidas. Te deseamos lo mejor en esta nueva etapa. Sin duda, nueva vida para Vida Nueva.

  




Entrevista a Jose Beltran.pdf
 
Comentarios
 
1  |  ana C.B  | 26-10-2015

Por casualidad he abierto esta página y me ha encantado la entrevista. Se respira frescura evangélica. Soy lectora de Vida Nueva y pienso que Jose está llevando fenomenalmente esta revista. Lo primero que leo siempre es "Notas al pié". No se puede decir más con menos palabras. Es un arte. Gracias por ofrecernos esta entrevista. Y gracias a tí, Fernando. Te conocí en el tiempo que estuviste colaborando con nosotras, Compañía de Mª , en San Fernando. Fué una suerte tenerte en el Colegio.

 
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