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Jesús, el Señor, en la Cruz



15 de Marzo de 2015
Redacción
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Comentario al Evangelio dominical de la mano de Miguel Díaz Sada. Estamos ya en el cuarto domingo del tiempo cuaresmal.


En el Camino de la Cuaresma, anticipando ya el Viernes Santo, el evangelio de Juan presenta hoy a Jesús elevado y glorificado en la Cruz. La Cruz como trono de gloria del Señor y como fecunda fuente de vida y bendición: del corazón traspasado del Salvador brotan sangre y agua, símbolos de la iglesia y de los sacramentos del bautismo y de la eucaristía; Jesús muere en la Cruz entregando su Vida y dándonos Vida, entregando su Espíritu y dándonos Espíritu.

Juan, mirando a Jesús en la Cruz, exclama: ¡Tanto amó Dios al mundo! La muerte de Jesús no cambió la actitud de Dios para con nosotros; no transformó la ira en misericordia ni la justicia en perdón. Todo lo contrario: Jesús fue la gran manifestación del amor gratuito de Dios -por pura gracia estáis salvados-; Jesús en la cruz hace visible y casi tangible el Amor de un Dios que nos ama hasta el extremo de correr nuestra misma suerte.

Cuando los cristianos miramos, admiramos y adoramos a Jesús en la cruz, no ensalzamos el sufrimiento ni la muerte: admiramos y cantamos la coherencia de alguien que da la vida por amor, sin romperse ni perder la confianza en Dios. La Cruz de Jesús es salvadora por el amor, la solidaridad y la confianza que lleva en su interior.

Jesús nos invita a sus discípulos a que tomemos la cruz de cada día y le sigamos. También las cruces de los discípulos son salvadoras, nacen a la sombra de la Cruz de Cristo: la cruz del que acompaña al enfermo; la cruz de quien se desvive y lucha para que no haya más crucificados por la pobreza, la injusticia o la exclusión; la cruz de quien acepta el sufrimiento y la enfermedad poniéndose en manos de Dios-Padre.

Contemplando a Jesús en la cruz, no podemos menos de pensar en los millones de crucificados de nuestros días. ¿Seremos siquiera buenos cireneos que alivien el peso de esas cruces absurdas e injustas, consecuencia del pecado del mundo?

Miremos con fe y amor a Cristo en la Cruz y a todos los crucificados de la tierra. Entonces, la luz de Dios brillará en nuestro corazón.

 
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