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Homologación cuaresmal



07 de Marzo de 2015
Redacción
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Columna "Sillita baja" de Dolores Aleixandre RSCJ en la revista 21 de este mes de marzo.


Pierdo la varita mágica de calentar agua, un invento fantástico que uso en los viajes para tomarme un café temprano cuando la hora del desayuno oficial es tardía para mis despertares madrugadores. Entro en una ferretería a comprar otra: la que me enseñan es mucho mayor y además carísima, y la vendedora me explica el porqué del tamaño y el precio con esta sentencia contundente: “Es que está homologada”. Se me ocurren unas cuantas preguntas para saber en qué consiste la homologación pero, como no voy a comprarla, me abstengo de hacerlas.

Salgo de la tienda dándole vueltas al valor añadido que ha supuesto la homologación y, de pronto, me parece una buena palabra para incorporarla al vocabulario cristiano cuaresmal. ¿En qué consistiría vivir homologados con el Evangelio? ¿Qué condiciones requeriría? ¿En qué se notaría el cambio? ¿Cuándo nos deshomologamos? 

Cuando me impongan este año la ceniza, creo que voy a traducir así la llamada a la conversión: “Homológate con Jesús y cree en el Evangelio”.

Menuda tarea tengo por delante.

  
 
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