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Fijos los ojos en Jesús



01 de Marzo de 2015

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Comentario al II Domingo de Cuaresma, de la mano de Miguel Díaz Sada ss.cc.


(Foto de Fidel Valle Alcázar)

En camino con Jesús hacia la vida. Quien primero recorrió el camino hacia la Vida fue Jesús. Y no le resultó fácil. Fue tentado por el diablo, por Pedro, por falsos mesianismos, por la comodidad. Pero no cedió. Fiel y consecuente hasta el final.

De un momento fuerte de luz en su vida nos habla hoy el evangelio. Jesús sube al monte a orar. Como a Moisés, hablando con Dios, su rostro se le transfigura: en él resplandece la luz de Dios. En diálogo con Dios, entiende y acepta que su vida sea una entrega total a los demás, aunque tenga que pasar por el sufrimiento y por la muerte.

De un momento fuerte de luz en su vida nos habla hoy el evangelio. Jesús sube al monte a orar. Como a Moisés, hablando con Dios, su rostro se le transfigura: en él resplandece la luz de Dios. En diálogo con Dios, entiende y acepta que su vida sea una entrega total a los demás, aunque tenga que pasar por el sufrimiento y por la muerte.

De ello no estaban tan convencidos sus discípulos. Hubieran preferido quedarse en el monte y no recorrer el camino de Jesús. Sólo después, a la luz de la resurrección, comprenderán el sentido que Jesús dio a su vida.

“Fijos los ojos en Jesús”, miramos “al que traspasaron”. Sí, contemplamos el Corazón traspasado de Jesús en la cruz; el Calvario es para os cristianos el monte Tabor. Mirando a Jesús en la cruz, oyendo sus palabras de perdón y de confianza en Dios Padre, mirando con fe y emoción la herida abierta de su costado, todo cambia de color. Se transfigura su vida entera, y deslumbra a quien a El se acerca: su forma de acoger y curar a los que sufren, su predicación, su vida humana sencilla, pobre y servicial de buen samaritano, su oración... permiten vislumbrar la luz de Dios, mejor, son la Luz de Dios en nuestro mundo y en nuestros corazones.

Todos necesitamos momentos de tabor, momentos de luz que cambien la rutina del día a día, como son:

La Eucaristía del domingo en que miramos, escuchamos y nos encontramos con Jesús. ¡Qué bien se está aquí!

La oración personal en que comentamos la vida con nuestro Padre, sintiendo su presencia. ¡Como un niño en brazos de su madre!

La ayuda cordial y gratuita al necesitado de pan, de tiempo o de cariño. ¡Estuve en la cárcel, enfermo... y vinisteis a verme!

 
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