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La Inmaculada Concepción



08 de Diciembre de 2014
Redacción
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Comentario a la solemnidad de la Inmaculada Concepción, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


INMACULADA CONCEPCIÓN: EL "NO" del hombre y el "Sí" de María.

La palabra de Dios nos presenta hoy dos hermosos diálogos entre el Dios y el hombre y la mujer.

El primero nos lo transmite el libro del Génesis: Dios dialoga en el Paraíso con Adán u Eva. Dios no sólo los ha creado, sino que les ha ofrecido su amistad y, por eso, como poéticamente dice el relato, bajaba con la brisa de la tarde a pasear y conversar con ellos en el jardín.

Pero llega un momento en que ese diálogo se rompe, porque Adán y Eva rechazan la amistad de Dios como simbólicamente se expresa en el hecho de haber comido del árbol del que Dios les había prohibido comer. Que la amistad se quiebra se expresa también de forma simbólica en el hecho de que, por miedo, Adán y Eva se esconden de Dios.

Este diálogo podríamos calificarlo como el diálogo del "no". El hombre y la mujer dicen no a la amistad divina.

No es necesario insistir en que Adán y Eva, en este relato simbólico del Paraíso, somos todos y cada uno de nosotros, y que el relato está reflejando nuestra historia personal. Dios, a todos, nos ofrece su amistad y esa amistad la quebramos cuando "comemos del fruto del árbol", cuando decimos "no" a Dios en muchas circunstancias de la vida.

Frente a este diálogo del "no", el evangelio de san Lucas nos presenta con la escena de la Anunciación, el diálogo del "sí" y de la incondicional aceptación de la amistad divina.

Dios baja a dialogar a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, con un virgen que se llama María. Y le ofrece su amistad: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Y le pide además que colabore con Él para realizar entre los hombres el plan de salvación que ha ideado, y que no es otro que traerles de nuevo a su amistad. Y la Virgen Nazarena no se esconde. contesta que "sí": "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra".

Este diálogo entre Dios y la muchacha de Nazaret se cierra con un "sí", que comienza a reparar el "no" del hombre, nuestro rechazo de la amistad divina. Adán y Eva símbolos del "no" a Dios.

María, la Virgen Inmaculada, Nuestra Señora del Amén, o sea, del Sí, es la expresión del sí incondicional a Dios.

Por eso, María es la gran figura del Adviento, es Nuestra Señora del Adviento. Nadie como ella puede enseñarnos cómo esperar y anhelar la venida del Señor; nadie como ella puede decirnos cómo preparar los caminos del Señor y cómo acogerlo, diciendo "sí" a la amistad que nos ofrece.

 
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