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Abrid las puertas para ser consolados y consolar…



07 de Diciembre de 2014
Redacción
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Comentario al segundo domingo de adviento, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


Consolad, consolad a mi pueblo, habladle al corazón, éste es el mensaje que, en nombre de Dios, nos transmite hoy Isaías, el gran profeta del Adviento y de la esperanza. Él nos anuncia que Dios viene a curarnos y consolarnos, hablándonos al corazón.

Por eso, el lema de este segundo domingo de Adviento es Abrid las puertas para ser consolados y consolar… Dios promete consolarnos y aliviar nuestras penas, y nos pide que sepamos transmitir consuelo a los demás.

PARA SER CONSOLADOS. A veces cargamos las tintas en la actitud que debemos tener hacia los demás, en este caso en la exigencia del practicar la obra de misericordia de consolar al triste; pero, ¿es que nosotros no estamos necesitados de consuelo? ¿no hay también mucha pena y tristeza, dolor y desconsuelo en lo hondo de nuestro corazón? El mensaje de consuelo que nos trae el Adviento es también para nuestro corazón herido y nos pide que abramos sus puertas para que el Señor derrame el bálsamo de su consuelo en cada uno de nosotros.

Consolad, consolad a mi pueblo, habladle al corazón… El pueblo de Israel estaba atravesando uno de los momentos más duros y desconsoladores de su historia. Destruido el templo y Jerusalén, se encuentra desterrado en Babilonia lejos de su patria. El dolor y el sufrimiento, la desilusión y la desesperanza se han apoderado del corazón del pueblo; por eso, Dios manda al profeta para que hable al corazón herido del pueblo y que con su palabra derrame consuelo para que abra las puertas a la esperanza porque su Señor viene a salvarlos: Aquí está vuestro Dios. Mirad el Señor llega con poder … Como un pastor que apacienta a su rebaño, su brazo los reúne, toma en brazos a los corderos y hace recostar a las madres.

El adviento nos pide que abramos nuestro corazón al consuelo del Señor. Es Jesús mismo quien nos dice: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré; Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

PARA CONSOLAR. Transmitir consuelo a los demás es la segunda dimensión del mensaje de este domingo. Hay mucho dolor y desconsuelo en nuestro alrededor. No es preciso insistir en ello. Lo vemos, lo palpamos y lo sufrimos: en la familia, en nuestros vecinos, en el ambiente, en la sociedad. La pobreza, la enfermedad, la edad, la violencia, la injusticia … son fuente de gran desconsuelo. En ese ambiente dolorido y enfermo la Iglesia, la parroquia y cada uno de los cristianos hemos de ser bálsamo y portadores consuelo. Vivir el Adviento es abrir las puertas para recibir consuelo y para dar consuelo a los demás.

 
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