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23 de Noviembre de 2014
Redacción
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Finalizamos el año litúrgico. En la fiesta de Cristo Rey, Miguel Díaz nos invita con su reflexión.


(Foto de Rafael Núñez Ollero)

Celebrar la fiesta de Cristo Rey no significa atribuir a Jesús títulos nobiliarios que desfiguren su verdadero rostro -el que vieron sus contemporáneos y quedó recogido en los evangelios- y que tanto le distancian de sus preferidos. Sí, Jesús es Rey, pero poco o nada tiene que ver con los reyes de las naciones.

Jesús Rey Buen Pastor: busca, venda, cura, alimenta, protege, se desvive y se entrega hasta dar su vida y darla en alimento.

Jesús Rey: se identifica con el desnudo, el hambriento, el sediento, el enfermo, el prisionero. ”Lo que hicisteis con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”.

El texto de Mateo, el juicio de las naciones, hace hincapié en los aspectos más básicos de la persona: comer, beber, vestirse, tener casa, tener salud.

¿Cómo se desarrollaría hoy el “juicio de las naciones”, cuando cerca de mil millones de personas están subalimentadas y 14.400 niños mueren al día por falta de alimento: un niño muerto cada seis segundos?

Según el evangelio de hoy, somos y seremos juzgados por nuestra capacidad de amar a los desheredados de la tierra. Amor expresado en gestos concretos y en lucha por crear condiciones justas y fraternas de vida.

“Este sorprendente mensaje nos pone a todos mirando a los que sufren. No hay religión verdadera, no hay política progresista, no hay proclamación responsable de los derechos humanos si no es defendiendo a los más necesitados, aliviando su sufrimiento y restaurando su dignidad.

En cada persona que sufre Jesús sale a nuestro encuentro, nos mira, nos interroga y nos suplica. Nada nos acerca más a El que aprender a mirar detenidamente y con compasión el rostro de los que sufren. En ningún lugar podremos reconocer con más verdad el rostro de Jesús”.

Que despunte el reino de Dios; que Jesús se nos manifieste como Rey y Señor en los pobres con nombre y rostro de personas a las que acogemos, alimentamos y visitamos, y con nombre de naciones y continentes en cuya causa estamos comprometidos. Celebrar la fiesta de Cristo Rey no significa atribuir a Jesús títulos nobiliarios que desfiguren su verdadero rostro -el que vieron sus contemporáneos y quedó recogido en los evangelios- y que tanto le distancian de sus preferidos. Sí, Jesús es Rey, pero poco o nada tiene que ver con los reyes de las naciones.

“Reino de justicia, de amor y de paz”.

 
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