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Día de la Iglesia diocesana



16 de Noviembre de 2014
Redacción
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Comentario a la liturgia dominical, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc., párroco de los Sagrados Corazones de Madrid.


Celebramos hoy el DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA con el lema Participar en tu parroquia es hacer declaración de principios.

En la primera carta que escribe D. Carlos Osoro a sus diocesanos habla de que la parroquia no es algo caduco, sino que sigue haciendo presente y viva a la Iglesia en de la vida de los hombres y que por su medio se sigue haciendo realidad el mandato de Jesús: Id por el mundo y anunciad el Evangelio a todos los hombres.

En la parroquia los cristianos alimentamos, vivimos y celebramos nuestra fe; ella nos ayuda a apasionarnos por Jesús, Camino, Verdad y Vida, y, por ello, se convierte en plataforma que nos lanza a ser misioneros y evangelizadores en nuestra familia y lugar de trabajo, en la sociedad y en nuestros ambientes.

Insiste nuestro obispo en su carta en que todos tenemos cabida en la parroquia sin distinción de hombres o mujeres, de edades o de culturas. En la comunidad parroquial todas las diferencias son superadas porque todos tenemos a Jesucristo como nuestro único Señor y estamos decididos a proclamarlo explícitamente con nuestras vidas, saliendo a los caminos a decirlo con palabras y obras.

“Participar en la parroquia es una declaración de principios”, dice el lema. Éstos son los principios que sostienen nuestras vidas: Somos hijos de Dios y hermanos de todos los hombres, creados a su imagen y semejanza, nacidos de nuevo en Jesucristo, deseamos que esta realidad llegue a todos y lo hacemos siguiendo las huellas y pasos de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

En la parroquia no sólo todos tenemos cabida, sino que en ella todos tenemos que ser sin excepción miembros activos en su tarea misionera. Nadie, por desinterés, debe inhibirse, siendo miembro pasivo como si la cosa no fuera con él. Nadie, por un equivocado sentido de humildad, puede marginarse como si él nada tuviera que aportar.

Precisamente el mensaje de la parábola de los talentos que hoy nos propone Jesús, va en este sentido: Dios es el hombre que, yéndose de viaje, deja a sus empleados –nosotros- el cuidado de sus bienes. A cada uno les asigna una misión, simbolizada en la cantidad de dinero –cualidades- que les entrega. Lo que se les pide es laboriosidad y que no se queden cruzados de brazos. A su vuelta, el hombre alaba a los dos primeros por su diligencia y por haber hecho fructificar los bienes; al tercero, en cambio, lo tacha de negligente y holgazán, por sus miedos y pasividad.

Día de la iglesia Diocesana. El Señor no nos quiere miembros negligentes ni pasivos en la comunidad cristiana, sino participativos y activos, aportando cada uno según la medida del don recibido (San Pablo). Unos hemos recibido unos dones y otros, otros; pero, a todos Dios nos ha otorgado talentos para edificación del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia (San Pablo). Nadie debe esconder su talento bajo tierra como hizo el empleado negligente.

Sólo si todos ponemos nuestro granito de arena, la parroquia será misionera: En la medida que puedas, participa con generosidad en el sostenimiento de la Iglesia Diocesana, que tiene una misión y un deseo, anunciar a Jesucristo, salir al encuentro de todos los hombres, tocar la carne sufriente de Cristo, acompañar a los hombres, celebrar cada paso que den en su vida. Y todo ello con palabras y obras.

 
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