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Selfies



01 de Noviembre de 2014
Redacción
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Columna "Sillita baja", de Dolores Aleixandre RSCJ, en la revista 21 de noviembre.


Hacerse selfies era una costumbre muy habitual en la Biblia, sólo que sin móvil porque aún no estaba inventado. 
Pedro se hizo un selfie en el patio del palacio de Caifás con aquella empleada de hogar que le había reconocido, pero se vio tan mal que se marchó de allí hecho polvo y llorando a lágrima viva. El hijo menor de la parábola se hizo otro con los cerdos que cuidaba y, al mirarlo, se dio cuenta de que estaba hecho una ruina y que hasta los cerdos habían salido más favorecidos que él, así que decidió volverse a su casa. Cuando llegó, su padre estaba feliz y quería hacerse otro selfie con sus dos hijos (la madre estaba cuidando a la abuelita en Jericó); el hijo mayor se puso borde y se negó a salir en la foto, pero el padre fue a buscarle y le dijo para convencerle aquello tan precioso de “Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo”. Queda en suspense si al final cedió y se hicieron la foto los tres. Otro selfie memorable fue el que se hicieron con Jesús sus discípulos a la vuelta de su tournée apostólica. Jesús salió un poco movido porque en ese momento estaba contándole al Padre su alegría porque, una vez más, se había puesto de parte de la gente sin pretensiones, esa que nunca tendrá acceso a las tarjetas opacas de Bankia.

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