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Invitación a la adoración



01 de Octubre de 2014
Redacción
(1) Comentarios

José Luis Pérez ss.cc., maestro de novicios de la Provincia Ibérica nos ofrece algunas orientaciones para vivir la adoración. Ha sido publicado en “INFO SS.CC.” que edita la Casa General de Roma.


¿Qué orientaciones pueden ayudarnos a vivir la adoración de una forma más profunda y viva? ¿Cómo retomar la tarea de la adoración con nuevos impulsos? Propongo algunas pautas que han ayudado a otros a formarse como adoradores, por si pueden servir para re-ilusionarnos con este elemento fundamental de nuestra vocación. Más que aportar novedades trato de refrescar la memoria de lo heredado. En primer lugar, abordo qué puede facilitarnos y reforzar el compromiso de la adoración diaria. En segundo lugar, ofrezco algunas indicaciones sobre cómo adorar.

• Celebrar la Eucaristía. Si la adoración es prolongación de la celebración de la Eucaristía es justo que nos preguntemos: ¿cómo es mi vivencia de la Eucaristía? ¿es rutinaria en el mal sentido de la palabra? ¿es mi alimento diario? ¿me organizo para que así lo sea? ¿soy fiel al espíritu de la liturgia o sólo a su letra? ¿me pongo a mí en el centro de la celebración o soy transparencia de Dios? Otras preguntas semejantes también podrían servirnos. Lo importante es que encontremos la interrelación entre la Eucaristía y la adoración, no una mera percepción intelectual, sino de fe. Adoramos aquello que se ha hecho realidad en la Eucaristía (Cf. Art. 53.2 Const.).

• Apreciar el silencio. En la adoración es importante cultivar el silencio y en el día a día también. El silencio es el espacio que creamos para el otro, en este caso para Jesús. ¿Cómo vivo yo el silencio? ¿Es fácil para mí, por ejemplo, cuando escucho a alguien prestarle toda mi atención? ¿me pasa lo mismo con Jesús en la adoración? Los textos, las canciones o cualquier recurso que elijo para la adoración personal o comunitaria, ¿me ayudan a crear ese espacio para Jesús o más bien me centran en mí y en mi recreación? Si me ayudan a olvidarme de mí y recordar el amor de Jesús, habré acertado.

• Vivir la adoración en relación a otros aspectos del carisma. Los diversos elementos del carisma están muy bien articulados e interconectados. Esto es algo que se va percibiendo con la experiencia, y va dando gusto a la vida. Al principio no se ve la relación entre la adoración y el celo apostólico, por ejemplo. Sin embargo la relación con Jesús en el Espíritu hace posible que vayamos percibiendo y experimentando la globalidad del carisma. Es importante ver cómo vamos creciendo en todo. Que alguien haga la adoración diariamente no es signo suficiente de que sea fiel al carisma, aunque sí necesario. A la hora de revisar la vida no sólo cabe la pregunta sobre la adoración, aisladamente y sin relación al resto de aspectos, más bien hay que ponerlo en diálogo con todos los elementos del capítulo I de las Constituciones.

• Formular la adoración como una actitud. No sólo como un ejercicio piadoso o un compromiso. Esa actitud consiste en ver en lo débil la irrupción del amor de Dios (el Niño de Belén, la Cruz, el sacramento del altar). Una actitud que nos ayuda a apreciar en las demás actividades diarias el gusto por lo sencillo, lo auténtico, lo noble, lo pequeño, lo cercano y a ver el paso de Dios por la vida.

• Tener un oratorio en casa con el Santísimo Sacramento ayuda mucho (Cf. Art. 17 Est.). Te permite no sólo tener tus ratos prolongados de adoración, sino también hacer “visitas” al sagrario para despedir el día, para poner en sus manos alguna actividad o persona, para pedir que te proteja al salir a la calle, o diálogos por el estilo. Es una manera de hacer entrar a Dios en los asuntos diarios, de tener como referencia constante la presencia de Jesús en el sagrario. Va en la línea de lo “devoto”, es decir, de cultivar un afecto tierno, fiel y ordinario, de buscar una mayor significatividad de la adoración en la vida (Cf. Art. 53 4.a. Const.).

Hasta aquí algunas orientaciones pedagógicas que pueden facilitarnos la tarea de la adoración. Muchos también nos hemos preguntado sobre el contenido de la adoración: ¿qué hacer? ¿qué decir? ¿cómo estar? Expongo sólo algunas líneas que creo que ayudan.

• ¿Qué tengo que hacer? Yo creo que se resume en “Amar”. Sí, puede quedar poco práctico, lo solucionamos más adelante. Pero eso es lo que hay que hacer también en la adoración como en la vida. Me gusta mucho la definición de oración de san Juan de la Cruz y podemos aplicarlo en grado supremo a la adoración: “La oración es advertencia de amor”, es decir, darse cuenta del amor de Dios y amar. Preocuparnos de otras preguntas es perder de vista lo esencial (cf. 1 Cor 13; Jn 21, 15-17).

• Traer a la memoria el sufrimiento humano y el sufrimiento de Dios. En la adoración reparadora es necesario hacer un repaso de los sufrimientos que aquejan a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. No se trata de hacer un análisis exhaustivo ni de tipo sociológico. Este “recordar” debe servirnos, más bien, para predisponernos a la compasión y poder entrar así en comunión con Jesús que se conmueve y se entrega. Tener el corazón vulnerable al sufrimiento hace que nos parezcamos más a Jesús. Este ejercicio nos ayudará a descubrir la fuerza del pecado en el corazón del hombre (cf. Art. 4 y 53.3 Const.).

• Otro movimiento espiritual que debe aparece de modo natural o con un poquito de ayuda de la voluntad es el ofrecimiento de la propia persona. Con humildad, eso sí, porque nosotros añadimos también nuestra dosis de sufrimiento al mundo. Ofrecerse a Jesús, con Jesús, como Jesús. Un gesto o unas palabras que expresen estos deseos de ofrecerse pueden ayudar mucho (cf. Art. 5 Const.).

 

 
Comentarios
 
1  |  ,manuela  | 30-09-2014

gran ayuda gran orientacion

 
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