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La alegría del Evangelio



27 de Septiembre de 2014
Redacción
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Columna "Ecos del silencio" de Juan Martín Velasco, en la revista 21 de agosto-septiembre de 2014.


Es el primer documento importante escrito por el papa Francisco y está lleno de ecos de los gestos y las palabras del nuevo papa que admiraron y cautivaron desde los primeros días a los fieles católicos y a no pocas personas ajenas al cristianismo. La impresión de novedad que produce tiene una primera razón en su estilo y su género literario. Los portavoces de la Iglesia en los últimos tiempos han, - ¿hemos?–, presentado su mensaje, principalmente, bajo la forma de síntesis doctrinales sobre los contenidos de la fe cristiana o de recordatorio de las normas morales que se derivan de ellos. La alegría del Evangelio, en cambio, es la expresión de la experiencia personal del autor, del poder transformador de la vida que comporta el encuentro personal con Jesucristo. Un encuentro “al que estamos llamados todos y que vale la pena intentar cada día sin descanso, porque cuando uno da un paso hacia Jesús, descubre que Jesús ya lo está esperando con los brazos abiertos”.

Esta convicción personal, fruto de la experiencia, constituye el centro del mensaje del documento. “La alegría del Evangelio” es la alegría de la buena nueva que es Dios para los humanos, creados por Dios y que sólo en Él encuentran el descanso para sus corazones hechos a su medida sin medida. Es la alegría del evangelio que es Jesucristo, revelación personal de Dios y camino por el que los hombres tenemos abierto el acceso a Él.

El texto es la presentación por el papa a la Iglesia de los trabajos del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe, y muestra en cada página el dinamismo evangelizador que suscita la experiencia del encuentro personal con el Señor: “Lo que hemos visto y oído”, han dicho siempre los cristianos que se encuentran con Jesús, “no lo podemos callar”.

Esta nota no es un resumen del texto. Es una invitación a su lectura. Quienes se animen a hacerla experimentarán, sólo con esa lectura, algo de la alegría del Evangelio y de su poder para transformar la propia vida.

 
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