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Comentario al Evangelio



07 de Septiembre de 2014
Redacción
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Comentario al Evangelio dominical, de la mano de Osvaldo Aparicio ss.cc.


"A nadie le debáis nada, más que amor"

Hoy día en que tanto se insiste en que no debemos de hacer gastos por encima de nuestras posibilidades y en que es necesario reducir la deuda y el déficit; hoy, precisamente, nos dice la carta a los Romanos que tenemos que endeudarnos y que hay un gasto al que no se puede poner límites y en el que hay que derrochar cuanto más mejor.

Ahora bien, el gasto del que nos habla san Pablo no es de dinero; el caudal que debemos gastar es el del amor: Hermanos, a nadie debáis nada, o sea, con nadie tengáis deudas más que las del amor. El amor al prójimo es la sola deuda que podemos y debemos contraer sin miedo a la bancarrota o a que nos intervengan: “Todos los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

La tarea del cristiano es vivir cada vez más intensamente el amor y así nos estaremos pareciendo cada vez más a Dios que es la plenitud del amor; por eso, san Pablo nos dice que todo nuestro quehacer se resume en “Amarás a tu prójimo” y san Juan de la Cruz escribe “al final de la vida serás examinado en el amor”.

Si miramos el evangelio de hoy, veremos que nos concreta con un ejemplo práctico lo que acaba de decirnos san Pablo. Forma parte del llamado “discurso comunitario” cuyo objetivo es hablarnos de las actitudes que deben primar en la comunidad cristiana; entre ellas está la “corrección fraterna” que nos enseña cómo debemos actuar cuando surgen conflictos entre los hermanos: Si tu hermano peca, ve y házselo ver, a solas entre los dos.

Si un hermano peca, o sea, si actúa mal, si ha tomado un camino equivocado, si te ofende a ti o a la comunidad (familia), si persevera en el error, no debemos desentendernos o pasar de la situación como si no nos incumbiera. Jesús nos recomienda no sólo que no juzguemos al hermano o que no permanezcamos indiferentes, sino que nos pide que nos acerquemos a él y le ayudemos a ver su situación para que cambie de actitud. Y todo ello, movidos por el amor, pues la corrección fraterna tiene su fuente en la caridad fraterna.

La Regla de Vida de nuestra Congregación de los Sagrados Corazones nos dice: “Si crees que debes corregir a uno de tus hermanos, hazlo siempre con amor, humildad y discreción. Incluso cuando alguien sea sorprendido en falta, corrígelo con espíritu de amabilidad, vigilándote a ti mismo, pues tú mismo también puedes ser tentado” (nº 43). Y Jesús afirma: “Si te hace caso, has salvado a tu hermano”.

No es nada fácil practicar la corrección fraterna. Requiere mucho amor y bondad, comprensión y paciencia, y también buena dosis de valentía. La corrección fraterna no es ni una dura reprensión ni una regañina, ni cae tampoco en la discusión violenta. Esos comportamientos humillan al hermano y empeoran la situación. El camino a seguir es el diálogo que busca exclusivamente el bien del otro.

Qué necesario es en la convivencia este diálogo sincero, constructivo, a solas entre el esposo y la esposa, entre padres e hijos, entre los hermanos y entre los miembros de la comunidad cristiana. ¡Cuántas rupturas familiares, eclesiales y parroquiales se evitarían si practicásemos el diálogo de la corrección fraterna, como nos pide Jesús!

 
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