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Crónica de los Ejercicios Espirituales



06 de Septiembre de 2014
Carlos Barahona ss.cc.
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Al llegar a El Escorial el domingo 24 de agosto hubo el tiempo justo para la agradable acogida habitual, saludar, instalarse en la casa y cenar a las 21h. José María Fernández-Martos SJ esperaba a los ejercitantes a las 22h para la meditación introductoria de los tres días de ejercicios. Condensarlos adecuadamente en tan exiguo tiempo es todo un reto. Julio García presentó a este conocido jesuita, antiguo profesor universitario de psicología evolutiva y psicoanálisis, metido en la pastoral, en la penitenciaria también, y animador de ejercicios ignacianos en diferentes partes del mundo.


“Mírame para que pueda amarte” (San Agustín)

Julio expuso también el horario, similar para los tres días. La primera cosa por la mañana, a las 8h30, la alabanza matutina. Tras el desayuno, meditación a las 10h de algo más de treinta minutos, plática a las 13h15 hasta la comida de las 14h y otra meditación a las 16h30. El resto, tiempo abundante para la reflexión y la oración personales. La adoración a las 19h30 y la misa a las 20h son el colofón de cada jornada. El silencio es de rigor, salvo en el recreo posterior a la cena.

Es un chollo para nosotros, dice José María (JM): Jesús nos convoca, nos va a contar cosas. Y cita Ct 2,3: el amado es como un manzano, del que se desean los frutos y sentarse a su sombra. “Huye, cállate, descansa”, consejos de san Arsenio citado en los Ejercicios Espirituales (EE, 75). Nos propone acoger la mirada de Dios. Hoy se ve, pero no se mira. Mirar exige atención. Nos cuenta la importancia de mirar a las presas en la cárcel. Cuando perciben el interés en la mirada lloran de emoción. Y cita Nm 6, 22-27: “Que Dios te muestre su rostro radiante y te conceda la paz”.

Se puede vivir de la mirada o de la observancia. Está claro que es mejor saberse mirado por Dios, que es entrañablemente bueno con nosotros. Dios se deleita en mí. Miremos la pobreza del entorno. Sin embargo estamos rodeados de humanidad nueva. Propone releer el Sal 64. Y huir del móvil. Preguntarse con Mandela en la cárcel: “¿Cómo funciono yo?”. Completa su mensaje con una página que es una ayuda para meditar sobre la mirada de Dios y sobre la disposición o corazón del ejercitante. Toda ella repleta de citas bíblicas.

Primera jornada

La alabanza matutina, dirigida por Julio García, a las 8h30 del lunes 25/08 la iniciamos cantando alegres a la mañana de un día que se presenta soleado y caluroso. Recitamos “Señor, tú me sondeas y me conoces” (Sal 138). Y el “Deseo de Dios” expresado en el Sal 41. Cantamos que queremos ser barro en manos del Amado, vasos nuevos que no se conforman con decir “Señor, Señor”.

A las 10h JM nos presenta una meditación titulada “Edificar sobre la roca de nuestros padres en la fe”. Dios tiene un plan: “Hacernos hijos en el Hijo” (Cf. Is 55, 6 ss.) Pero el hombre se cierra en sí mismo: el pecado. El Hijo nos ayuda a salir de nosotros. JM pinta en la pizarra para rotuladores la noria de lo divino. El cangilón es Cristo, que nos lleva de vuelta a nuestro creador, a quien servimos en los demás. La acequia es la Palabra de Dios. El guión lleva por título: “La Palabra es roca y fundamento último innegociable”. En quince citas bíblicas ofrece material para una interesante meditación sobre la Palabra de Dios. Hay que merodear en torno a ella con calma. El reverso del guión presenta una explicitación de la “roca”, que aparece 306 veces en el AT y 72 en el NT. Propone meditar sobre los padres en la fe: Abrahán, Jacob y Moisés.

La plática de unos 45 minutos que precede a la comida silenciosa y rápida la centra en la cosificación versus vivificación de la vida religiosa. Se trata de una reflexión antropológica, apoyada en los poetas y en el personalismo de Martin Buber, que desemboca invariablemente en la Palabra. El guión proclama: “Orar pide pasar de vivir en el reino de las NECESIDADES a alojarse en el reino del DESEO. El pecado ‘cosifica’ la realidad. La gracia y la oración la (y nos) ‘tuifica’ ”. Neologismo de su cosecha por “transformarnos en TÚ”.

La psicología evolutiva, uno de sus campos, explica que el bebé en cuanto cuerpo es “cosa”. Recibe de su madre leche (cosa). Pero normalmente el amamantamiento va acompañado de mimos, palabras y nanas que muestran la calidad –mayor o menor– humana, o sea “tuificada” y “tuificadora”, de la madre. La mujer samaritana le pide a Jesús agua (cosa), pero Jesús la lleva al “tú no tienes marido” sino hombres objetos que la tratan como una cosa, la cosifican, mientras que Jesús le da mucho más, la tuifica. “Soy yo que hablo contigo” (Cf. Jn 4, 7.10.16.21). Yo y Tú, palabras primordiales, según Buber.

Añade más ejemplos bíblicos. Así dice que Jesús se cita con nosotros en la frontera de las cosas, en la que estamos atascados, para llevarnos a su presencia: el pan (Jn 6, 26.35.63); la luz (Jn 9, 7.38). Cuidado con cosificar el entorno. ¿Qué nombre damos a lo que nos rodea?

Hizo una reflexión interesante sobre el celibato en Pablo, que lo entiende como hacerse cercano a Él (1 Cor 7,32-35). “Eu-par-edros” (banqueta de discípulo sentado cerca del Maestro) y “a-peri-espasmos” (sin espasmos, sin inquietud). Cerca de Él, de manera fiel y consistente me voy dedicando a lo suyo en “cuerpo y alma”.

La meditación de las 16h30 la centra en el combate espiritual (pensé en el verdadero sentido de la yihad). En el corazón nos vemos atraídos y desgarrados entre el Bien y el Mal: “la tentación hace del hombre un mártir o un idólatra” (Orígenes). Se requiere “determinación deliberada” (Ignacio) o “muy determinada determinación” (santa Teresa) para seguir la dura escalada de la fe como proceso de conversión y ajuste constante de la voluntad con la de Dios. Muchas veces el hombre opta por seguir sus planes (Jer 8,12).

Según san Pablo hay dos posibles proyectos: vivir en la carne o en el espíritu. Quien opta por el primero organiza su vida conforme a los cánones del mundo (Cf. Gal 5,19 ss.). JM avisa: es posible ser religioso según la carne y rezar sin buscar a Dios, sino a sí mismo. Aquel que opta por el segundo transgrede los límites dentro de los que vive e identifica a Dios en el decurso de las cosas y establece alianza con Él. El hombre participa de la condición de los demás seres en cuanto carne. Es espíritu porque es un proyecto infinito como hijo de Dios, es único (Cf. Jn 6,63; Rm 8,6).

Prosiguió aportando numerosos textos bíblicos para explicar que el campo de batalla es nuestro corazón. Además cuál es la secuencia de la tentación y el combate espiritual y cuáles son las estrategias de defensa y las armas para el combate.

El día concluyó con la adoración, seguida de la eucaristía –los tres días presidida por José María, que mostró un dominio experiencial bárbaro de la Sagradas Escrituras–, la cena silenciosa, el recreo y el descanso.

Segunda jornada

A la hora habitual, con un sol fuerte y espléndido ya, nos reunimos para alabar al Creador con una oración dirigida por Alberto Para y titulada “Nombrar como nombra el Padre”. En la meditación de las 10h JM centró el día en la “Alegría por tener vocación”. Comenzó citando una de las cartas de Damián a su benefactor el pastor anglicano Chapman (26/08/1886), en la que le dice que sin el santo sacramento “no hubiera podido nunca perseverar”. Habló también de la llamada de Rut, fiel a su suegra Noemí. La vocación, explica, es una mirada que se desvía hacia nosotros. Nos atrae hacia Él. Y recuerda la del muchacho Jeremías. Cita el Sal 37 (36), 9: “poseerán la tierra”. O sea un lugar en el mundo. La llamada equivale a tener una tierra, un lugar. Es una locura no ser lo que se es, no vivir en plenitud. Rememora asimismo el banquete nupcial (Mt 22, 1-14), la respuesta de los discípulos a Jesús: “¿A quién vamos a acudir?” (Jn 6,68) y la catequesis bautismal de la 1ª Pedro, en concreto 1, 3-9. Y concluye con que hay que recorrer el misterio: estamos fichados para trabajar con Él, no solos. Hay que volver al amor primero.

El guión para la meditación personal se refiere a la vocación de los apóstoles y en el reverso a situarse ante el absoluto y lo relativo: odiar tomar la cruz. Meditar ante el crucifijo y traerle a Cristo las cosas a las que uno no quiere morir: meditación clásica de los EE.

La plática de las 13h15 la centró en el tema de “Merodear a Dios”. El término lo buscó y escogió JM. ¡Ojalá el Eterno se abaje hasta nuestra estrechez! (Cf. Is 63, 19). Santa María creyó que Dios, el que vive en un ahora eterno, podía bajar, se podía encarnar. Y lo hizo en ella. Habacuc 2,1: el profeta otea en su puesto de guardia hasta que Dios se asome y le vea, a ver qué le dice. Merodear hasta que la Palabra de Dios se adueñe del corazón del hombre. Da ejemplos: Gandhi, que buscaba la Palabra, o el obispo vietnamita Francisco Javier Nguyen van Thuan, que pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en régimen de aislamiento, que se hizo una especie de vademécum escribiendo frases de la Palabra en latín en hojas cualesquiera. El cristianismo es la religión de la presencia. Jesús entró en nuestra angostura espaciotemporal.

JM recomendó despertar en nosotros el amor por la Palabra, lo que requiere dedicarle tiempo. Se trata de conectar nuestra estrechez con su anchura. Anamnesis –ver el reverso del guión recibido–, traída a la memoria, sinergia, colaboración, recuerdo –volver a pasarla por el corazón–. Ponerse en contacto con el Dios vivo. El que la pronunció para mí. Me habita. Todo se hace carne mía, dijo. El Espíritu Santo es el complot trinitario que se prolonga en la Historia. Suscita el amor a la persona y la obra de Cristo. Orar es pensar el mundo con Dios. El entonces de Dios es un ahora pequeñito, cronos. De ahí entro en el kairós de Dios. Nosotros colaboramos con la obra de Dios. No hay ni un cm de Historia no bañado por la sangre de Cristo.

La meditación de la tarde la tituló “¿Es Jesús para mí una experiencia cumbre? (siguiendo a Maslow: “High experience”). Comenzó citando a Pablo (Ef 1, 17-19) y lo parafraseó con el ejemplo de una joven esquiadora afectada por el virus de la polio. Paralizada, no se hundió. Fue una ocasión para encontrar a Jesús, conocerlo, como dice Pablo, y tener su experiencia cumbre. Decía: “Doy gracias a Dios por el virus de la polio. Hace años que él me cuida”.

Así pues JM propone hacer el retrato de Jesús. En el Evangelio, él mismo hace su autorretrato. El mejor son las bienaventuranzas: Jesús habla de lo que él mismo ha visto, ha orado, ha escuchado hablar a sus padres, ha soñado, ha leído en la Biblia. El guión que nos entrega es una amplia reflexión sobre ellas. JM comenta más bien la secuencia de la Samaritana (Jn 4, 5-42) y la del perdón de una pecadora pública durante la comida en casa del fariseo Simón (Lc 7, 36-50). Simón pasa del quién al qué: piensa que Jesús no es un profeta porque se deja tocar por la pecadora pública, que despliega todos sus instrumentos de seducción. En cambio Jesús comprende la miseria y el dolor de aquella mujer. Él cura corazones, no enfermedades. Como lo hace también con la Samaritana, que era la irrisión del pueblo, con tantos maridos. Jesús no humilla. Mira, comprende, las coloca por encima: “dame de beber”, le dice a la Samaritana. Y las conduce a la experiencia cumbre: “Yo soy, el que te está hablando”.

Otro texto importante para el retrato de Jesús es el del Buen Samaritano (Lc 10, 29-37), que responde bien claro a la pregunta “¿quién es mi prójimo?” e incluso el relato de la transfiguración (Mt 17, 1-8).

El día concluyó como el anterior. Son bastantes los que salieron a pasear hasta la lonja del monasterio, allí encontraron a varias hermanas, que también estaban de retiro en su casa, guiadas por otro jesuita iberoamericano.

Tercera jornada

La oración del luminoso y estival día de santa Mónica la dirigió Francisco Cruz. La meditación de las 10 tuvo dos partes, conforme al guión. La primera es clásica en los EE: “Para contemplar la pasión”, momento culminante que da sentido a toda la obra de Jesús. Tras considerar las cuatro pasiones de Cristo, según J. B. Metz: la física y dolorosa, la del honor pisoteado, la del corazón y la soledad, y la pasión de Dios o del abandono, se puede reflexionar sobre nuestra propia pasión. Siempre tendremos una cruz. Es necesario elaborar los propios conflictos y nuestros propios defectos. Además sobre la pasión de los hombres, la gente que sufre, y sobre la pasión de los pueblos, junto con los que se ponen de su lado siguiendo las Bienaventuranzas. ¿Estamos con Jesús o con los que lo mataron?

Todos los grandes personajes bíblicos pasan por el dolor. Los santos son amantes del crucifijo. Pensemos en Damián en su lecho de muerte.

Se puede releer Jn 13, el lavatorio de los pies. Ya dijo JM que Dios crea por excentricidad, Jesús muestra excentricidad de servicio: el lavatorio. Practiquemos la excentricidad. Jesús contradijo los valores de la cultura dominante.

La segunda parte de la meditación es “Considerar cómo la Divinidad se esconde”. Recibimos una hoja como ayuda para la meditación.

La plática de las 13h15 enfoca la cuestión del “Carácter pascual del apostolado”. El título va ilustrado por un texto de las Normas Complementarias SJ, la 246: “Nuestra propia y continua conversión para encontrar a Cristo en la quiebra de este mundo y vivir en solidaridad con los pobres y marginados, de modo que podamos asumir su causa bajo la Bandera de la Cruz”.

Confundimos con frecuencia fecundidad con eficacia. Jesús no quería morir, pero “Yo he venido para esto”, dice. Nuestra vocación está en la frontera entre lo sublime y lo ridículo: morir, enterrar nuestros valores. Nuestro paulatino morir se hace muerte de Cristo e implanta en otros la vida nueva de Cristo (2 Co 6, 4-10). Y no sólo en ellos, sino en el mismo apóstol, portador de la palma del triunfo (Rm 14, 7-9). El desenlace es individual y colectivo (2 Co 4, 13-14). Y al “despertar me saciaré de tu semblante” (Sal 17 (16), 15).

Después comenta los textos 2 Co 6, 4-10, de contenido paradójico; Flp 1, 12-30, en el que Pablo habla de que su prisión potencia el mensaje; y Flp 3,3-16: los méritos de Pablo se pierden para obtener una ganancia. Finalmente comenta otro texto entregado sobre los “anawim”, los pobres de YHWH, gentes que al borde de sus fuerzas mantienen la confianza en Dios y una esperanza indestructible. Son ejemplares.

La última meditación esboza el tema de la cuarta semana de los EE: la Resurrección. ¿Qué pretendía san Ignacio? Profundizar en el fundamento de la fe cristiana, que crezcamos en el amor que excluye el temor, confirmar el triunfo de Jesús y su exaltación por el Padre, y participar en el gozo de Jesús resucitado. El guión es muy interesante y va acompañado de dos textos de Karl Rahner, uno de “Escritos de Teología VII” (Taurus, Madrid 1969, p. 170) y el otro “El hombre de corazón traspasado”, (Siervos de Cristo, Herder, 1969, p. 131 ss.) muy esclarecedores.

El día concluyó como de costumbre, salvo por el atronador aplauso que se llevó José María al concluir la misa. Se quedó con nosotros hasta las siete de la mañana del día siguiente, fiesta de san Agustín. Destaquemos la calidad de su trabajo y su experiencia en dirigir ejercicios. El contenido fue denso porque no es fácil meter treinta días en tres. Pero nos condujo sabiamente y nos dejó abundante material para seguir reflexionando. Comentamos su profundo y experiencial conocimiento de la Sagrada Escritura, que nos sorprendió favorablemente. En resumen: tres días muy buenos, que han valido la pena.

Carlos Barahona

El Encinar, 5/09/2014

 
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