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La vuelta al mundo en 7 días



12 de Agosto de 2014
Redacción
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Para María Martín, miembro de la recién estrenada comunidad Emaús, de la Parroquia Virgen del Camino, de Málaga, este ha sido su primer campamento: “La vuelta al mundo en 7 días”. No había asistido a ninguno de niña y este año ha ejercido como monitora. Por eso ha querido compartir con nosotros qué ha significado para ella vivir esta experiencia que, sin duda, repetiría.


Para mí, esta aventura, que he podido vivir durante una semana en la Universidad Laboral con los niños de nuestra parroquia y con los de nuestro barrio, comenzó el día en que me dijeron que yo debía estar en la preparación del campamento, que era posible que no pudiera disfrutar de esta experiencia con ellos y sólo se quedara en las ideas que todos íbamos aportando, pero para mí, no era tan relevante el no poder ir como monitora del campamento. Durante la preparación, yo sólo pensaba en que esto se hacía por y para que los niños se lo pudiesen pasar lo mejor posible, para que tuvieran un verano especial con esta experiencia y disfrutaran al máximo de ella.

Después de todo el esfuerzo que supone esta tarea, llegó por fin el 28 de julio, el día que tanto estaba esperando: montarme con los 49 niños en el bus, que nos esperaba en la parroquia, y poder empezar a disfrutar con ellos de esta vuelta al mundo en tan sólo 7 días.

Y ¡por fin aterricé en la Universidad Laboral! y con mis 49 niños, claro está. ¡Ah! Y, como no, con mis 12 monitores, que también me acompañaban en este viaje. Y, como es propio en mí, los nervios, la inseguridad y la inexperiencia de una monitora que nunca en su vida había estado en un campamento, ni como niña ni como monitora, crecían por momentos.

El primer día se basaba en conocernos entre todos los niños y monitores que habíamos comprado nuestro billete para comenzar, al día siguiente, viajando entre los diferentes países y culturas que cada lugar nos iba desvelando día tras día. Sin saber muy bien cómo, cada día, en mi viaje, por los diferentes países, descubría que todo lo que hacía, lo hacía sin esfuerzos, sin que costara el tener que levantarme después de haber dormido algunas horas… y esto era así porque tenía a unos monitores que me han cuidado y querido desde el primer momento, también porque los niños me regalaban su cariño sin un porqué, y, lo más importante de todo, que he podido darme cuenta después de haberse acabado este viaje, es que era el Señor quien me regalaba todos estos momentos, era Él quien hacía más fácil, para mí, las cosas, que Él apuesta por mí y eso hace que tenga tanta seguridad para poder entregarme a los niños como si fuera una más, para tener clara cuál es mi vocación.

Sin duda, “La vuelta al mundo en 7 días” ha sido un regalo de Dios, un regalo que he sabido aprovechar, ha sido el mejor regalo que he podido tener y que querría seguir teniendo siempre: poder disfrutar de las sonrisas que los niños te van regalando minuto a minuto.

Ahora sólo me queda decir esto: Gracias. Gracias a cada uno de los niños que habéis hecho posible este campamento, a cada uno de los monitores que me habéis ayudado, tanto los que he podido tener más o menos afinidad, a Dani por su escuela de monitores y por las palabras tan adecuadas que tenía en cada momento. A ti Paco Egea, por haberme querido y confiado para este campamento y, a ti también Padre Paco, por habernos tenido presente en las misas.

¡¡¡Espero que el Señor me siga regalando más momentos como estos!!!



 
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