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El arroz de cada día



01 de Agosto de 2014
Redacción
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Artículo de Enrique Moreno Laval ss.cc., en el blog Araw-Araw.


Un plato de arroz blanco jamás puede faltar en una mesa filipina, como tampoco en tantos otros países de Asia. Si hay tres comidas al día, tres veces hay arroz en la mesa. Es inimaginable comer sin arroz. Alguien me explica aquí en Manila: “en el padrenuestro no usamos la palabra tinapay (pan) para pedir por el pan nuestro de cada día sino la palabra kanin, que significa alimento y que es la misma palabra que usamos para decir arroz”. En otras palabras, en el padrenuestro en lengua filipina se reza: “danos el arroz nuestro de cada día”.

Quizás este dato tan esencial pueda explicar en parte lo que ocurrió en Leyte –como una anécdota– en los días posteriores al súper tifón Yolanda de noviembre pasado. Miles de sobrevivientes del tifón asaltaron un almacén gubernamental donde se guardaba una considerable cantidad de arroz para ser distribuida en los días siguientes entre las víctimas más necesitadas. Fueron sustraídos unos cien mil sacos de arroz sin que ninguna fuerza policial pudiera impedirlo. En el intento se derrumbó uno de los muros del edificio. Como consecuencia de este accidente, fallecieron ocho personas.

Más allá de todo el contexto, fue una clara señal de que el arroz es uno de los “víveres primarios” requeridos por la población; junto al agua desde luego. De hecho, en aquellos días del tifón eran interminables las colas para recibir simplemente “arroz y agua”.

Los agricultores de la zonas afectadas tuvieron que limpiar y volver a sembrar sus campos a tiempo para la temporada de siembra de diciembre/enero, para asegurarse la primera cosecha de 2014. Perderla habría significado que no habría habido cosecha durante casi un año completo, con consecuencias devastadoras para la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia.

Filipinas es un gran productor de arroz, pero su producción no alcanza a cubrir las necesidades de su población de 95 millones de habitantes. Por eso, además de producirlo debe importarlo, especialmente desde Vietnam y Tailandia. Llegar a la autosuficiencia en la producción de arroz en un “sueño filipino”, pero todavía inalcanzable. Son famosos los arrozales situados en las terrazas de las zonas cordilleranas del país, a unos mil quinientos metros de altura; especialmente en lugares de la provincia de Ifugao, en la isla de Luzón, norte filipino. Tanto es así que la UNESCO declaró dichas terrazas como Patrimonio de la Humanidad en 1995. Los estudiosos dicen que su antigüedad se remonta a más de dos mil años y quizás a cuatro mil. Es cierto también que están en peligro, por terremotos y tifones, por lo que necesitan de un mantenimiento muy cuidadoso. Muchos agricultores han preferido plantar en las llanuras, donde las tierras requieren menos trabajo y son más productivas.

Se dice que los filipinos reciben del arroz diario el 41 por ciento de sus calorías y el 31 por ciento de sus proteínas. El costo promedio de un kilo de arroz en Manila es de unos 40 pesos filipinos, aproximadamente un dólar. Hay muchas maneras de cocinar el arroz a partir de su enorme variedad. En Filipinas se suele cocinar un arroz blanco de tamaño mediano y de manera similar a las costumbres de China y Japón: con la cantidad justa de agua, lo suficiente para humedecer el arroz durante su cocimiento en una olla cerrada.

En esta época de uso múltiple de electrodomésticos, se utiliza una “olla arrocera” que cuece el arroz al vapor. De hecho, así lo hacemos en nuestras comunidades SSCC en Manila. Se cuece solo con agua, sin sal ni ningún otro tipo de aliño; son los otros alimentos, a los que el arroz acompaña, los que aportarán un determinado sabor. El arroz –como toda la alimentación filipina– se puede comer caliente o frío, y en cualquier momento. Da lo mismo. Y por supuesto, en cualquier restorán o puesto callejero de comidas, el arroz es infaltable. Incluso en algún lugar se tienta al cliente con el aviso de “unlimited rice” (arroz sin límites): lo que tú quieras y hasta donde puedas.

 
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