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La Palabra no volverá a mí vacía



13 de Julio de 2014
Redacción
(1) Comentarios

Comentario al Evangelio dominical, de la mano de Miguel Díaz Sada ss.cc., desde Salamanca.


Jesús habla en parábolas. Son comparaciones o ejemplos que recoge de la vida de cada día en un mundo de campesinos. Todos le entendían cuando hablaba de la siembra, de la semilla, del terreno o de la cosecha. Son parábolas del Reino. “El Reino de Dios se parece a un hombre que sembró semilla, a un grano de mostaza, a la levadura, a un tesoro…”. El Reino o Reinado de Dios estaba en el corazón de todo lo que Jesús decía y hacía. Todo apuntaba al Reino con el que Jesús soñaba: un mundo fraterno y solidario de hijos de Dios.

La parábola que hemos escuchado hoy es la “parábola de la siembra”. Aunque el terreno deje mucho que desear, la siembra termina en una cosecha abundante. Del 100, 70 ó 30 por uno. ¡En tiempo de Jesús, siete por uno ya era una buena cosecha! Jesús manifiesta una confianza total en la eficacia de la Palabra de Dios por Él proclamada.

Por eso, la parábola es una invitación a la fe y a la confianza. A pesar de todo, la cosecha será abundante y el mundo – nuestro mundo – terminará por transformarse en un mundo de hijos y de hermanos. Lo decía el profeta Isaías: “la palabra no volverá a mi vacía, sin cumplir mi encargo”. La misión de Jesús no fracasará. Dará fruto a su tiempo.

Las comunidades cristianas, como la nuestra, se sirven de la parábola para acentuar la importancia de cuidar el terreno que acoge la semilla. Hay quienes escuchan con alegría; les gusta lo que dice Jesús, se emocionan, por ejemplo, con ocasión de la primera comunión, pero son fuegos de artificio; se olvidan; la semilla no ha echado raíces. Otros escuchan, les convence y les gusta el mensaje de Jesús; se han comprometido, pero surgen conflictos entre la fe y la vida, entre los criterios de Jesús y los del mundo. Y terminan por abandonar.

Sin embargo, Jesús, y nosotros con El, estamos seguros de que la cosecha será abundante o sobreabundante. Pues, aunque seamos frágiles y pongamos obstáculos, el Espíritu de Jesús fecunda la semilla y el Agua de la Vida, que brota del Corazón de Cristo, riega nuestro mundo. ¡Podemos vivir con esperanza!

 
Comentarios
 
1  |  Manuela  | 13-07-2014

¿SOLO DE LA ESPERANZA VIVO ?

 
1
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