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Nuestro ser voluntarios



08 de Julio de 2014
Redacción
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Pilar y José Luis, de la rama secular de Madrid, han escrito este artículo sobre el voluntariado que realizan, ya que en este curso han insistido en "nuestros viajes a los márgenes".


En el transcurrir de nuestra vida, Dios ha salido muchas veces a nuestro camino. Unas veces íbamos pendientes de nuestras preocupaciones, otras nuestra mirada estaba puesta en otras cosas, o cogíamos atajos para no pasar por allí, pero Él seguía haciéndose presente en nuestro caminar. Sabía que su Espíritu caminaba siempre con nosotros, que Él nos estaba allanando el camino, que nos daba pistas para el encuentro y que tarde o temprano le reconoceríamos. Y llegó ese momento de encuentro con el Resucitado, cuando nos encontramos con el otro desde la gratuidad, cuando quisimos compartir nuestra fe en comunidad, cuando quisimos estar junto al que nos necesitaba. Entonces el Señor nos mostró cómo nos quería su Padre, y cómo al caminar junto a Él encontraríamos la felicidad.

El encontrarnos con Dios, ha supuesto para nosotros que sea Él el centro de nuestra vida, todas nuestras acciones nos llevan a tenerle presente. Él nos dijo “Yo estaré con vosotros siempre”, y me encontraréis con más fuerza entre mis predilectos los pobres. Quiero que me ayudéis a construir el Reino de Dios, confío en vosotros, mi Espíritu os dará toda la fuerza y valentía que necesitéis.

Una vez que el rumbo de nuestra vida lo marca el Señor, es fácil saber donde le encontraremos, su Evangelio nos lo recuerda con claridad. El salir de nuestro yo hacia el otro desde la gratuidad, es fundamental en nuestro caminar. Todo aquel que nos necesita puede contar con nosotros.

Desde esta actitud de servicio, hemos fomentado el encuentro con la familia, amén de hijas y nietos, hemos colaborado en nuestra parroquia de San Braulio desde su fundación, participando en los grupos que hacen que una parroquia sea una comunidad de hermanos que quiere vivir los valores del Evangelio. Hemos tenido que compaginar la vida laboral con la vida familiar y tratar de llegar a los predilectos del Señor. Por eso, cuando se asumió, desde la Congregación, el proyecto de la Casa de Acogida de enfermos de VIH/SIDA en Salamanca, nos sumamos como voluntarios para poder estar al servicio de la Casa y poder acompañar a los enfermos. Nos hacíamos presentes en la Casa de Acogida cuando nuestra actividad laboral nos lo permitía, coincidiendo con vacaciones laborales y especialmente durante las fechas de Navidad, que tantos recuerdos les traen a los enfermos.

Más tarde, sin abandonar nuestra presencia en la Casa de Acogida de Salamanca, nos vinculamos a la Casa de Acogida de Madrid, con una presencia más constante y participativa.

Para nosotros, el voluntariado es algo vital. El encuentro con personas que arrastran un pasado difícil, que las hace vivir un presente lleno de obstáculos, y que tratan de salir hacia horizontes mejores, es muy gratificante, pues Dios se hace presente en medio de ellos.

En la Casa de Acogida buscamos vivir un estilo familiar, compartiendo tareas, recursos, salidas de ocio y vacaciones. Tratamos de ser personas donde nos importa lo que le pasa al otro, estamos dispuestos a ayudarnos y creamos lazos de cercanía de unos con otros.

Últimamente tenemos que compartir nuestro ser voluntarios, atendiendo a Antonia, la madre de Pilar, que está en una residencia para enfermos de Alzheimer en Logroño, lo que nos lleva a estar todos los meses entre Logroño y Madrid.

 
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