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Entrevista a Rosario Torres ss.cc.



23 de Junio de 2014
Redacción
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Dice Rosario sentirse “contenta por haber estado en Filipinas durante seis meses”, pero al mismo tiempo, “contenta por volver a España”. Es lo que ella describe como “sentimientos encontrados”. A pocos días de su partida, hemos podido conversar acerca de esta experiencia que, al menos en el tiempo, finaliza en estas semanas. Su espontaneidad me ayuda a entrar a fondo en una suerte de evaluación que resulta oportuna. Quienes la han conocido de cerca en estos meses en la parroquia de Bagong Silang, la describen como una persona alegre, cercana, comunicativa, expresiva… Publicamos esta entrevista realizada por Enrique Moreno Laval ss.cc., en el blog Araw-Araw.


¿A pesar de la dificultad para manejarte en la lengua filipina, en tagalog?

Sí… Es verdad que en Bagong Silang el inglés no te sirve mucho. Si alguno lo habla, lo habla poco y con dificultad, pero te das a entender. Hay otros lenguajes que van más allá de la lengua, y la gente es acogedora, te facilita el encuentro. Aunque seguirás siendo extranjera.

Rosario Torres nació en Murcia, en el sudeste de la península Ibérica, mirando hacia el Mediterráneo, en 1982. Pero a los 12 años de edad se trasladó con su familia a Sevilla y allí se afincó. Entró a estudiar en el Colegio San José de los Sagrados Corazones, y siguió vinculada a la parroquia que la congregación atiende en el mismo barrio de Los Remedios. Si le preguntan de qué parte de España es, no dirá “murciana” sino con toda propiedad “sevillana”. Egresada del colegio, estudió cuatro años farmacia, y fue entonces que sintió el llamado a hacerse religiosa de los Sagrados Corazones. Ya en la congregación se graduó de educadora social y empezó estudios de teología, los que concluirá en el tiempo que viene. A los 32 años de edad cumplirá seis años de votos temporales en septiembre próximo.

En pocos días dejarás Filipinas, ¿qué ha pasado con las expectativas que traías?

Se me han caído… O se me han cambiado. La verdad es que venía con muchas ganas de hacer muchas cosas por la gente, pero me he encontrado con una pobreza… que ha sido como un choque, un choque con la realidad. Hay muchas cosas que me han revuelto y necesito tiempo y distancia para hacer una lectura más objetiva y a los ojos de Dios. No es fácil a veces entender la lógica humana y la lógica de Dios. Me he dedicado entonces a conocer a las personas, a descubrir su realidad, a dejarme impresionar, y a valorar todo lo que he recibido.

¿Qué has recibido?

La sencillez de la gente, su capacidad de acogida, su alegría a pesar de su extrema pobreza, su fe tan grande, tan incondicional. He disfrutado con todo eso. Ante todo lo vivido con ellos, ante todo lo observado, no he tenido ni soluciones ni palabras, solo he tratado de sacar lo mejor de mí a través de mi “torpe” presencia, pero con el deseo de llevarlo todo al corazón de Dios.

¿Qué tipo de vida religiosa has encontrado en Bagong Silang?

Una vida muy desafiada… Con un nivel de inserción muy fuerte que me ha hecho mucho bien. He vivido con las hermanas en medio de un sector de muy pocos recursos llevando una vida sencilla como toda la gente, intentando ser pobre junto a ellos, tratando más bien de estar allí que de hacer muchas cosas. He tenido una muy buena experiencia con las hermanas. Insisto: todo esto me ha hecho muchísimo bien y es algo que quisiera reforzar en el futuro.

A un par de cuadras de la casa de las hermanas SSCC en Bagong Silang está el templo parroquial, con sus oficinas y despachos, y un piso donde viven los hermanos SSCC que atienden la parroquia. Un poco más allá, fuera de este recinto, hay otra casa, pequeña, donde vive el resto de los hermanos. A menos de 10 minutos a pie, se encuentra el Centro San Damián; allí, las hermanas desarrollan una intensa tarea social. Por lo que se ve, es un trabajo que compromete a hermanos y hermanas.

¿Cómo se ha dado esta relación?

Hay cosas valiosas en nuestra relación como familia SSCC, entre hermanos y hermanas. Por ejemplo, el hecho de rezar juntos, de celebrar cada día la eucaristía, de compartir algunos días las comidas, es importante. Pero en el trabajo estamos segregados: los hermanos en las tareas propiamente “parroquiales”, es decir, formales, litúrgicas, y las hermanas más en lo social. Las hermanas no entramos en muchos asuntos de la parroquia, o no nos dejan entrar, y por lo tanto no participamos en decisiones que son importantes para todos. Creo que esto pasa, en particular, por las personas concretas que allí están; por quien decide… En este sentido, yo esperaba otra cosa. Pero sigo convencida de que, a pesar de nuestras fragilidades, hay algo carismático en nuestra congregación de hermanas y hermanos que debemos mantener y fortalecer. No lo podemos perder.

Rosario se preocupa un tanto por lo que acaba de decir y me mira como diciendo: a ver, de esto qué vas a poner. Esto nos da pie para darle una vuelta más a un tema que a muchos nos preocupa: una Iglesia filipina, heredera y mantenedora de una riquísima tradición religiosa, con una fe a prueba de cualquier calamidad; pero con una fuerte impronta conservadora. Rosario especifica: “el papel de la mujer en la Iglesia, por ejemplo, o la fuerza que tienen las rúbricas litúrgicas”. La verdad es que no hay persona más abnegada en el servicio a la Iglesia filipina que la mujer, pero no más que eso. “Nunca puede dar la comunión” –ejemplifica Rosario.

El 2 de julio iniciarás tu viaje de regreso a España, ¿qué te llevas?

Un inmenso deseo de seguir vinculada a los pobres, en medio de los pobres, viviendo con ellos, en su cercanía. Un compromiso por restaurar la dignidad de las personas, sin intentar grandes soluciones, pero estando allí. Una certeza de que es posible vivir desde las diferencias, desde las distintas edades y culturas; y que la congregación está hoy día ofreciéndonos esta posibilidad como regalo que deberíamos saber aprovechar. Esto es verdad.

Tú misma te conoces exigente y por lo mismo con tendencia a sentirte insatisfecha. ¿Fue un acierto haber venido?

Fue un acierto… Y lo agradezco. Tengo la certeza y seguridad de que Dios ha estado presente cada día trabajando en mí, en lo profundo de mi corazón: mi apertura a lo incomprensible, la acogida de las diferencias, la aceptación de la debilidad, la cercanía con el sufrimiento de los pobres que son los preferidos de Dios y mis preferidos… Ha sido un acierto venir, y lo agradezco mucho.

 
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