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Me puedo llamar convecino vuestro



16 de Junio de 2014
Manuel Leal Lobón ss.cc.
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Once de Junio, día del Señor San Bernabé. Alboreada mañana madrileña con ciertos tonos tormentosos del primer estío, nuestro ínclito Osvaldo, mi maestro de novicios, Conrado y el que subscribe, nos poníamos en camino hacia la Leal Villa del El Escorial para celebrar un acontecimiento tan solemne como entrañable. Al otrora Maestro y artífice de un nuevo amanecer para los infantes escurialense de la década de los 70, ahora padres y abuelos, se le reconocía esta lejana labor distinguiéndolo como hijo adoptivo de aquel municipio.


El Ayuntamiento, en pleno extraordinario, presidido por su Alcalde y en la voz de su Secretaria consistorial, fue desgranando las biografías y los méritos de los homenajeados, claros servidores de la comunidad. Osvaldo gozó de una amplia biografía entretejida con la labor, casi centenaria, realizada por la Congregación en aquel lugar. Todos los grupos políticos entendieron y dieron a entender que el hilo conductor de aquella solemnidad, en buena parte, venía marcado por la presencia de los Sagrados Corazones en la localidad. No faltaron palabras de elogio para Osvaldo que ya portaba en su pecho la albiceleste medalla, pero abundaron en el reconocimiento de tantos religiosos que vivieron o pasaron por la Casa de San José y dejaron su huella indeleble en el ánimo y en la vida de tantas personas, por encima de cualquier interés o ideología personales que hoy puedan tener o profesar. De manera que se puede decir sin faltar a la verdad que la gran beneficiaria del acontecimiento fue la misma Congregación. De manera particular, uno de los ediles hizo constar en acta un deseo que expresó en forma de necesidad: que Ayuntamiento y Congregación trabajaran conjuntamente en la edición de un texto donde se apreciara la estrecha relación entre ambas instituciones.

Finalizado el acto secular, pasamos de inmediato y con retardo a la función religiosa, la comunidad cristiana esperaba la llegada de su ‘nuevo vecino’ y comenzó la misa mayor y función principal con los acordes del himno a San Bernabé cuya primera frase: nuestras voces suben desde el llano se adaptaba al momento y al homenajeado que, cruz en alto y ciriales, fue acompañado al púlpito (lo del púlpito no es retórica) desde donde se dirigió a los congregantes emulando al Santo de Molokai: me puedo llamar convecino vuestro (paisano), glosó la figura del Santo Patrón invitando a todos a practicar su generosidad en el compartir los bienes como camino para paliar las necesidades de los hermanos. Acto seguido, provisto de capa pluvial, acompañó la imagen de San Bernabé en procesión por las calles aledañas a la austera fábrica herreniana del El Escorial.

El colofón de tan señalada jornada lo puso la comida organizada por los niños osvaldianos que reunió a más de un centenar de ellos. Allí fueron los saludos, parabienes y recuerdos de un tiempo inolvidables que por un momento se hacía presente con toda su carga positiva. Luego una exposición de fotos ‘de época’ ponía el broche final a un bonito día.

Felicitamos a Osvaldo y nos congratulamos en estos actos que nos hacen sentirnos orgullosos de nuestras raíces y de nuestros hermanos en los Sagrados Corazones.

 
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