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Domingo de la Trinidad



14 de Junio de 2014
Redacción
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Comentario a la liturgia de esta solemnidad, de la mano de Osvaldo Aparicio Jiménez ss.cc.


(Este Domingo celebramos la Jornada Pro Orantibus)

"Dios Amor está con el hombre"

En una reciente catequesis sobre los Artículos de la Fe comentábamos esta chocante expresión: “Dios es económico”. Su sentido no es el que aparece a primera vista, pues nada tiene que ver con precios ni con altos o bajos costes. Dios ni se vende ni se compra.

La expresión indica, más bien, que el Dios cristiano, en su misterio trinitario, no es explicable a través de representaciones geométricas ni tampoco por medio de conceptos filosóficos. Ni triángulos equiláteros ni formulaciones de “tres en uno”.

Economía, en su etimología, alude a la administración de una casa; de ahí que, aplicándolo a la acción de Dios a favor del hombre a lo largo de la historia, hablemos de Historia o ECONOMÍA de la Salvación.

De la “economía salvadora” nos habla precisamente la Sagrada Escritura; por eso, es a ella a la que debemos acudir para vivir y gustar la enorme riqueza que encierra la realidad de la Santísima Trinidad en cuyo nombre hemos sido bautizados y que habita en nuestros corazones: “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23b).

La Sagrada Escritura nos dice que el misterio del Dios Amor se despliega en nuestra historia y recoge parte de sus manifestaciones para darnos testimonio de que DIOS AMOR ESTÁ CON EL HOMBRE.

La Palabra nos dice que el Dios Amor nos crea para establecer una Alianza de Amor con nosotros, y que, rota esta Alianza por nuestro pecado, ese Dios del Amor y de la Paz nos ama tanto que nos entrega a su Hijo Único para así reanudar los lazos de amistad con el hombre. Más aún: para que esa Alianza sea para siempre nos da su mismo Espíritu de Amor.

El misterio de la Santísima Trinidad no tiene más misterio que el de un Amor infinito que invade la historia de la humanidad. El Dios cristiano es el Dios en, con y para nosotros. Es el Dios familiar: Padre que nos crea a su imagen; Hermano y Amigo que nos ama hasta el extremo; Compañero y Consolador que nos inunda de su Espíritu para que formemos una única familia.

Te invito a saborear despacio la hermosa confesión de fe trinitaria con la que Pablo se despide y cierra su segunda carta a los Corintios, y que es también el saludo con que abrimos nuestras celebraciones eucarísticas: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros.

Esta confesión de fe y saludo cristiano es resumen de toda la acción de Dios a favor del hombre a lo largo de la Historia de la Salvación. Tres palabras síntesis: Amor, Gracia y Comunión.

AMOR: Dios es Amor y, como Padre que es, expande y comunica su vida en la creación: estamos hechos para amar, pues somos de Dios.

GRACIA: Bíblicamente equivale a gozar del favor de Dios, y es en y por el Hijo en quien hemos sido colmados de todo favor: El Padre nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase de bienes espirituales (Ef 1,3).

COMUNIÓN: El Espíritu refuerza nuestros lazos de comunión con el Dios Amor y también entre nosotros para así formar la gran familia de los hijos de Dios a quien, por el Espíritu, podemos llamar “Abba” (papá), Padre (Gál 4,6), y por quien formamos un solo cuerpo (1 Cor 13,13).

 
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