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La calabaza de poi



13 de Junio de 2014
Redacción
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Carta del Superior General, Javier Álvarez-Ossorio, en "INFO SS.CC." de este mes de junio, en torno al compromiso que ha de suscitarnos la figura del P. Damián.


El P. Damián dibujado por su amigo Clifford

"Ya hemos hablado mucho sobre el Padre Damián. Ahora es momento de hacer cosas concretas en favor de los más necesitados que nos rodean". Eso acaba de escribir uno de nuestros provinciales en el boletín de su provincia.

Me parece que la interpelación de este hermano refleja un deseo de muchos; un deseo que a veces choca con la frustración de no saber exactamente por dónde tirar. ¿Podemos ayudarnos en la búsqueda de nuevos caminos? En esta carta intento contribuir a esa búsqueda con una imagen y con una propuesta.

Un deseo

La invitación nos llega de muchas partes. El Capítulo General nos exhorta a evangelizar en situaciones de margen. El papa Francisco no deja de pedir que vayamos a las periferias, que seamos una "Iglesia en salida". Dice que las cosas no pueden quedarse como están y que la Iglesia necesita, en todos sus niveles, una verdadera conversión pastoral.

Hace unos días, sin ir más lejos, Francisco invitaba a los obispos de Italia a “no quedaros todavía en una pastoral de conservación -que de hecho es genérica, dispersa, fragmentada y poco influyente-, para asumir, en cambio, una pastoral que vaya a lo esencial” (19 mayo 2014).

Salgamos, pues. ¡Vamos allá! Es el deseo de muchos. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Hacia dónde? ¿Por qué dejar aquello que sabemos hacer y que tanto bien hace a tantas personas? ¿Sabremos hacer otras cosas, diferentes de aquellas a las que estamos acostumbrados?

Este deseo puede verse abocado a la frustración si no se visualiza alguna manera concreta de realizarlo. Hay mucho discurso sobre la vida religiosa que propone novedades sin rostro; se dicen palabras exaltantes y hermosas, que provocan insatisfacción con lo que somos y hacemos, pero que no ayudan a avanzar porque no muestran ningún camino concreto. No nos vale eso. El deseo busca cauces en los que volcar la generosidad.

Dicen que no se sabe lo que es un gato hasta que no se le suelta un ratón. El gato que se alimenta siempre de croquetas prefabricadas nunca sabrá de lo que es capaz. Cuando aparece el ratón, se despierta en él su instinto felino y entonces salta, corre, caza. ¿Cuál será el "ratón" que nos despierte, que meta fuego a nuestras vidas, y que nos libere de nuestra rutina?

Una imagen

Según el testimonio del Dr. Woods, que pasa por Molokai en 1876, Damián come el poi en la calabaza común con los leprosos, donde todo el mundo rebaña con sus dedos. Por su parte, el Dr. Mouritz, que llega a la leprosería en 1884, relata que, "en su gentileza, Damián, no prohíbe jamás a los leprosos entrar en su casa: pueden entrar en ella tanto de día como de noche".

¿Cuál era el "ratón" que despertaba en Damián semejante apertura y cercanía? Él mismo nos lo dice: el amor a su gente. "Yo les quiero mucho y de buena gana daría mi vida por ellos". Solo el amor lleva a esa recia ternura que salta por encima de todas las barreras para hacerse cargo del otro de manera concreta y directa.

Fuera discursos, fuera distancias: más bien puertas abiertas y mano en la calabaza del poi. Esa es la respuesta de Damián a su deseo de estar con los enfermos de Molokai. No solo hablar de ellos; no solo hacer cosas por ellos; sino sobre todo ESTAR-CON ellos "cuerpo a cuerpo".

Una propuesta

¿Cómo dar cauce concretamente al deseo de conversión pastoral y de renovación de nuestra vida y misión? Me atrevo a hacer una propuesta a partir de la inspiración de Damián. La propuesta es: la hospitalidad con los pobres.

La hospitalidad consiste en convivir con el otro. Puede concretarse de varias maneras: metiéndolo en tu propia casa, o bien dedicando mucho tiempo a estar con el otro y a compartir con él las cosas y las condiciones de vida. La hospitalidad es siempre recíproca: tú acoges al otro en tu hogar, en tu vida; compartes con él el tiempo, la comida, la calabaza de poi; y al mismo tiempo tú eres acogido, eres visitado, eres transformado y bendecido por la presencia del otro.

"Cuando vivimos la mística de acercarnos a los demás y de buscar su bien, ampliamos nuestro interior para recibir los más hermosos regalos del Señor. Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios" (Evangelii Gaudium 272).

Hagamos eso con los pobres, con los que están en los márgenes. Dediquemos tiempo, mucho tiempo, a estar y caminar con ellos. Con personas concretas de las que lleguemos a aprender el nombre y la historia, a las que lleguemos a querer hasta desear de buena gana dar la vida por ellos.

Esto se puede hacer, por ejemplo, alojando personas en nuestras casas (personas de paso, emigrantes, ex-presidiarios, sin techo...); o yendo a visitar esos pobres que no se ven, que se esconden; o dedicando horas y horas a la escucha; o trabajando en obras sociales de acogida; o...

Reconozcamos que muchos dedicamos cada vez más tiempo a comunicarnos virtualmente con personas que están lejos, con las que nos unen lazos de afecto y de amistad. Pues bien, la propuesta es que dediquemos más tiempo aún a contactos no virtuales sino "cuerpo a cuerpo" con personas que no entrarán nunca espontáneamente en el círculo de nuestras relaciones porque son pobres, porque sufren, porque son extranjeras, porque están enfermas, porque están en la cárcel, porque son diferentes... Vayamos hacia ellas, metamos la mano en la misma calabaza de poi, querámoslas, dejémonos querer por ellas... y todo lo demás cambiará.

Entonces habrá saltado el "ratón", y habremos descubierto para qué estamos hechos.

 
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