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Crónica de las ordenaciones de Pablo y Fernando



09 de Junio de 2014
Alberto Para Martínez ss.cc.
(1) Comentarios

A las 12:30h del sábado 7 de junio de 2014, en la parroquia de los Sagrados Corazones de Sevilla, se ha celebrado un gran día para la Iglesia y para la Congregación. Don Santiago Gómez Sierra, obispo auxiliar de Sevilla, ha ordenado diácono a Fernando Bueno y sacerdote a Pablo Márquez. Estuvieron presentes sus familias respectivas, hermanas y hermanos de los Sagrados Corazones, miembros la rama secular y mucha gente querida de los Remedios y de otros lugares. Entre ellos, destaco a Enrique Losada, Superior Provincial y a Juan Manuel de Mula, último formador de Fernando y monitor de la celebración.


(Fotos de Rafael Núñez Ollero)

En su homilía nos recordó don Santiago que este sacramento es un sacramento de servicio y, por ello, es también signo de que el Señor cuida a su Iglesia. Esta vez, Jesús ha querido cuidarnos a través de nuestros hermanos Fernando y Pablo.

También ha insistido en que desde ese servicio están llamados a ser instrumentos de comunión desde el carisma de los Sagrados Corazones, para procurar el bien común y el crecimiento del pueblo de Dios.

A partir de ahora –añadió– al presidir los sacramentos podrán vincularse de forma particular a la historia de amor que Dios tiene con su pueblo, con especial dedicación a los pobres. Al igual que Cristo se hizo pobre para enriquecernos a todos, Fernando y Pablo también están llamados a hacerse pobres no solo por su condición de religiosos, sino también por la ordenación al diaconando y presbiterado.

En el centro de la celebración aconteció el rito de la ordenación. Tras el escrutinio y la oración litánica dirigida por Paco Egea, don Santiago impuso las manos sobre Fernando y realizó la oración de consagración para el orden de los diáconos. Después, Pedro Gordillo le impuso las vestiduras respectivas (estola y una preciosa dalmática de la Catedral de Sevilla) y, finalmente, del obispo recibió el Evangelio como símbolo de la fe viva que está llamado a vivir y enseñar.

A continuación, le impuso las manos don Santiago a Pablo, y tras él el resto de los sacerdotes concelebrantes, todos ellos hermanos de la Congregación, y realizó la oración de consagración para el oren de los presbíteros. Pedro impuso esta vez la estola y la casulla. Por último, el obispo le ungió las manos y le entregó el pan y el vino, ofrenda hecha previamente por sus padres en nombre de todo el pueblo. Tras este emotivo momento, Fernando preparó por primera vez la mesa y Pablo concelebró su primera Eucaristía. Más de uno, que conoció a estos amigos y compañeros de clase del colegio San José, estaría pensando: ¡¡Quién iba a decir hace unos años que esto se iba a producir!!

Al final de la celebración, Pablo dio gracias al Señor ante el Cristo de los «Padres Blancos», que junto al Cristo del Calvario, y según él mismo reconoció, son las imágenes que siempre le han acompañado en su vida.

Afirmó agradecido que no le ha elegido el Señor para este servicio por lo que él vale, sino por el amor que le tiene.

Sus últimas palabras las dirigió a la asamblea pidiéndole que no se canse de rezar por todos ellos, para que sean buenos sacerdotes a la manera del corazón de Jesús.

Y, como es costumbre, continuó la fiesta en los patios del colegio donde pudimos todos compartir saludos y la alegría por lo que acabábamos de vivir ese día juntos.

     
 
Comentarios
 
1  |  amparo  | 09-06-2014

BONITA CRÓNICA Y MIL FELICIDADES A LOS DOS AMIGOS Y AHORA HERMANOS DE CONGREGACIÓN, QUE EL ESPIRITU DE DIOS ESTÉ SIEMPRE CON ELLOS

 
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