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San Damián de Molokai en Estudios Eclesiásticos



27 de Mayo de 2014
Redacción
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En la revista “Estudios Eclesiásticos”, volumen 89, nº 384, de 2014, aparece esta reseña sobre “San Damián de Molokai. Un santo para nuestro tiempo”, de Jan De Volder. Más abajo encontráis también el archivo en PDF.


DE VOLDER, J., San Damián de Molokai. Un santo para nuestro tiempo, San Pablo, Madrid 2013, 312 pp.

Se trata de la última de las muchas biografías que se han escrito del apóstol de los enfermos de lepra, que sale a la luz tras la canonización de este sacerdote misionero, religioso de la Congregación de los Sagrados Corazones. No es una biografía más. Aparece en la prestigiosa colección de semblanzas de santos de la editorial San Pablo, que decidió darla a conocer a los lectores de habla hispana por la calidad y rigurosidad que le merecía el trabajo de su autor, Jan De Volder, periodista e historiador que desarrolla su actividad profesional en Amberes (Bélgica), muy unido a la Comunidad de San Egidio.

De Volder muestra que el hilo conductor que atraviesa la vida del santo, el espíritu del P. Damián que tanto habla al mundo, es singularmente cristiano y plenamente humano. No quiere quedarse en la figura del héroe, sino ahondar en la raíz de su santidad. De hecho, en el año 2005 su nativa Bélgica lo honró con el título de “el belga más grande” en una votación realizada por el servicio público de radiofonía. Una de las principales aportaciones de esta obra es el manejo que realiza de la abundante correspondencia del misionero con las autoridades civiles, religiosas, con su familia, amigos y bienhechores. A través de la documentación, el autor va afrontando diferentes cuestiones sobre la personalidad del padre Damián, sin ahorrarse ninguna de las cuestiones que se han debatido en torno a su acción misionera. Logra responder a todas ellas mostrando la entrega apasionada que movió la vida del santo canonizado en 2009. Considera que, como padre espiritual, encargado de cuidados, maestro y abogado, el P. Damián realizó muchas hazañas por esos pobres marginados. Pero el mayor regalo que él les hizo fue la transformación de esa multitud desordenada, sin leyes, exiliada en una anarquía desesperada, en una comunidad viva edificada en Jesucristo, una comunidad en la que aprendieron a cuidar unos por otros.

El biógrafo nos brinda la oportunidad de adentrarnos en el paisaje humano y espiritual que rodeó la vida de Damián de Molokai a través de los diez capítulos de los que consta su obra. Nos sumerge en los sentimientos y opciones del misionero belga, se zambulle con particular intensidad en el espíritu del personaje, en lo que vivió y sintió, transmitiendo constantemente la pasión que animó la existencia del sacerdote que, desde niño, había admirado la figura de san Francisco Javier, quien inspiró su labor misionera. Una de las características del estilo de este escritor es que no se entretiene en la descripción de los paisajes relativos a la tierra de origen del santo o a las islas Hawai. Él parece que ha querido optar por mostrarnos el paisaje espiritual del sacerdote misionero, capaz de afrontar la dura realidad de unos enfermos que se van desintegrando paulatinamente.

Esta biografía no se ahorra tampoco tratar las cuestiones más delicadas de la vida del santo: la relación con sus superiores, el contagio de la enfermedad, la dureza de la soledad… Todo abordado con fidelidad a las fuentes, de manera que conocer en profundidad la historia del padre Damián agiganta con el paso de los años la grandeza del personaje, como recalca De Volder. Si Damián sufrió en su cuerpo al desfigurarse con la lepra, aún más sufrió por la incomprensión de las autoridades religiosas y civiles de su tiempo. No rechazó ni la publicidad dada a su acción, ni el dinero que le fue confiado, ni los honores que le concedieron, pues los enfermos eran los primeros beneficiados de todo ello. Aceptó que este éxito le trajera incomprensión y contratiempos, que duraron hasta su muerte. Damián sabía que el grano de trigo caído en tierra debe morir para dar fruto. Su experiencia espiritual le había hecho descubrir esta ley de la vida, que le llevará a vivir con esperanza, enraizado en la Vida, abierto al misterio de la Pascua. Si Damián hubiera tomado excesivas precauciones con los enfermos, no habría podido compartir con ellos su existencia, como lo muestra este relato.

Con un lenguaje claro, actual, ágil y periodístico, el autor nos hace partícipes de la aventura del padre Damián, al mismo tiempo, como historiador, ubica al lector de comienzos del siglo XXI, en el significado de las diferentes coordenadas que rodearon la gesta de Jozef De Veuster. Lo presenta en su contexto histórico y eclesial, tratando de ir al fondo, al espíritu que lo mueve, que es el amor de Dios, la vocación cristiana y misionera, así como el carisma de los Sagrados Corazones. No se queda, afortunadamente, en un Damián trabajador social, servidor de la humanidad, sino que va al Damián religioso. Quizá mereciera la pena que se hubiera detenido más, aunque lo alude, al valor de la adoración y de la eucaristía, que fueron la auténtica fuente de su vida.

El libro nos aproxima a la extraordinaria personalidad del misionero belga, gracias a la investigación que su autor realiza en varias líneas que van desde las biografías más reconocidas a los documentos oficiales que ha originado el largo proceso que lo ha llevado a los altares. Asimismo, el periodista belga ha contactado con personas que han sido clave en dicho proceso y que cuentan con una fidedigna información, como son el padre Ángel Lucas, postulador durante muchos años de la causa del padre Damián, o con los encargados de los archivos del Centro Damián de Lovaina o los Archivos de la Casa General de los Sagrados Corazones en Roma. Maneja el autor con soltura las cartas de Damián, así como la inclusión de personajes que, como Gandhi, Raul Follerau, Sor Emmanuelle o la beata madre Teresa de Calcuta, entre otros, van muy unidos al nombre del santo de los desheredados. Si uno se lee estas páginas, hallará preguntas y respuestas, quedará interpelado y tendrá una visión panorámica amplia de la fisonomía interior del padre Damián. Ya solo le quedará, adentrarse en las “Cartas completas” que recientemente se han recopilado y que cita constantemente De Volder. Al mismo tiempo, el autor hace referencias en su libro a películas y sitios web que hacen evocaciones del protagonista de esta historia.

Otra importante dimensión que aparece en estas páginas es la labor ecuménica del padre Damián, que fue maestro en tender puentes hacia los diferentes. En una época en la que era frecuente la rivalidad más que el acercamiento entre las diferentes confesiones cristianas, Damián sabía que su misión era hacer el bien en la isla, por lo que nunca preguntó de qué religión era el enfermo. Fue, además, un buen amigo del pastor anglicano Hugh B. Chapman o del también protestante, el pintor Edward Clifford. El famoso novelista Robert Louis Stevenson sintió una gran admiración por él. Esto nos muestra un detalle de su sensibilidad hacia una fraternidad universal.

Fernando Cordero Morales ss.cc.





Estudios Eclesiasticos 89.pdf
 
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