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"No tardes"



25 de Mayo de 2014
Redacción
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Comentario al Evangelio dominical, de la mano de Miguel Díaz Sada ss.cc.


(Foto de Rafael Núñez Ollero)

El evangelio relata la despedida de Jesús. Los discípulos intuyen que dentro de muy poco Jesús va a morir y les dejará solos. ¿Qué va a ser de ellos sin Jesús? ¿Dónde alimentarán su esperanza?

Jesús les habla con ternura especial. Antes que nada, ha de quedar grabado en sus corazones algo que jamás deben olvidar: «No os dejaré huérfanos. Volveré». Nunca estaremos solos. Jesús no nos olvidará. Vendrá y estará con nosotros.

¿Dónde sentimos los cristianos que Jesús no nos ha dejado solos sino que sigue caminando con nosotros? ¿Dónde le podremos encontrar? Porque sólo si nos encontramos personalmente con Jesús podemos ser en verdad cristianos. “Renueva, ahora mismo, tu encuentro con Jesús”, nos dice el papa Francisco. “La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”.

Cuando celebramos la Eucaristía, Jesús en persona nos invita, nos dirige su Palabra y nos alimenta con su presencia hecha Pan de Vida. Comiendo el Pan bendecido, entramos en comunión con Jesús y le sentimos cercano y amigo en nuestro corazón y en nuestra comunidad. Toda la gracia de la Eucaristía está en Jesús que viene. Nosotros le abrimos las manos, el corazón y la vida. ¡Es verdad, exclamamos, Jesús ha resucitado y vive entre nosotros!

Los cristianos pedimos con fe: “Ven, Señor Jesús”, y nuestra oración es escuchada; Jesús viene, se acerca a nosotros, nos abre los ojos de la fe para ver la vida con su mirada y nos enardece el corazón. Con Jesús a nuestro lado, todo cambia en la vida.

Nos alimentamos del Pan de la Vida y nos transformamos en pan de vida y de esperanza para los demás. Recordamos, hacemos memoria de Jesús, y nos transformamos en “memoria viva de Jesús”. Confortados por su presencia, también nosotros, sus discípulos, pasamos la vida haciendo el bien, sanando vidas y corazones, contagiando la alegría del evangelio y el sentido de la vida a cuantos nos rodean. De la Eucaristía salimos transformados en “discípulos y misioneros”.

 
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