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El Año de Damián



13 de Mayo de 2014

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Artículo del P. Daniel Cerezo Ruiz dedicado al “Año Damián”, publicado en la revista Mundo negro de mayo de 2014. El P. Daniel es colaborador de esta publicación.


La celebración del 150 aniversario de la llegado del héroe de Molokai a Honolulu, y también de su ordenación sacerdotal, es una buena oportunidad para que su legado renueva la chispa evangélica en la Iglesia misionera. Su figura es estímulo, inspiración y momento propicio para subrayar lo esencial de la misión. Así lo piensan los misioneros de la Congregación de los Sagrados Corazones, que al hacer memoria de Damián de Molokai, subrayan dos aspectos de su vida que son un reto para el misionero de hoy. Aunque invisibles a los ojos, como las raíces de un árbol, estas dos características sostuvieron y dieron sentido a su ejemplar vida misionera.

En primer lugar, subrayan la adoración. El 13 de diciembre de 1880, Damián escribía una misiva a Pánfilo, hermano de sangre y compañero de congregación en estos términos: “Mi querido hermano, tan solo a los pies del altar encontramos la fuerza necesaria en nuestro aislamiento. Allí te encuentro cada día, así como a todos los queridos padres de nuestra amada Congregación. Sin el Santísimo Sacramento, una situación como la mía sería insostenible”. En la época de las prisas en que vivimos, es fundamental crear espacios de contemplación y adoración, y poner en su justo sitio los cables y la adicción a las nuevas tecnologías que gobiernan nuestras vidas.

En la adoración, el misionero descubre, profundiza y ejercita como Moisés su capacidad intercesora y allí encuentra la fuerza para servir y testimoniar a quien le envía. La misión de Damián fue transparentar a quien le había enviado. Damián descubre en la adoración el espacio privilegiado para ver con los ojos y criterios de Dios las actitudes que le llevaron a crear un mundo más fraterno en el barro de Molokai. Su congregación propone para 2014 la adoración individual diaria, pero también una hora de adoración juntos el 9 de mayo.

En el otro polo de la misión, está el servicio a los más pobres. Cuando Damián contrajo la lepra a sus 44 años, rehusó ser trasladado para recibir tratamiento. “Hasta este momento –dijo- me siento feliz y contento, y si me dieran a escoger la posibilidad de salir de aquí curado, respondería sin dudarlo que me quedo para toda la vida con mis leprosos”. El amor a los leprosos, hasta el extremo de dar la propia vida, es una muestra incuestionable de identificación con el Maestro.

Y lo hace “hasta el final” o si quieren “de por vida”, expresión cuestionada hoy en ambientes de dudosa impronta evangélica, pero que se hace presente en su vida con admirable normalidad. Damián no ve otro futuro que no pase por estar con sus leprosos “hasta el final”. Su congregación, en sintonía con el espíritu de Damián, aterriza y propone dos iniciativas: la creación de una comunidad internacional en Bélgica para marginados y presos, y la puesta a disposición de Cáritas Roma de habitaciones de la casa general de la Congregación. Así se alza el telón para el Año Damián. Dejando la retórica de celebraciones a bombo y platillo, el padre general de los Sagrados Corazones invita a sus misioneros a actualizar el espíritu de San Damián, el leproso.

 
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