Noticias

Viernes de Vía Crucis



18 de Abril de 2014
Redacción
(2) Comentarios

Reflexión de Fernando Cordero ss.cc. en Diario de Cádiz para el Viernes Santo, publicada en el día de hoy.


La Pasión de Cristo continúa hoy. Hace poco escuchaba un lamento hondo, que me removió por dentro, como sacudida fuerte para no quedar anestesiado por la costumbre: “Hemos pintado la Cruz muy hermosa y estética, pero yo no puedo subir al madero. Lo que estoy viviendo es similar a tener una pistola en la cabeza apuntándome todo el día”. Es también la experiencia de muchas personas que han de afrontar la inseguridad, la desprotección, la angustia ante la enfermedad cruel que se ceba sobre los que están llenos de vida y de futuro. Sin embargo, son estos hombres y mujeres que cargan con la cruz los que nos refuerzan de esperanza. En medio del dramatismo, la Cruz abre un destello de luz hacia la Vida, que se convierte en explosión en la Vigilia Pascual.

El Viernes Santo es el día del sufrimiento y de la soledad, en el que acompañamos al primer Mártir camino de la Cruz. Día para contemplar la indiferencia de unos, la compasión de otros… Día de contrastes: el Cirineo que carga con la Cruz, los soldados que se burlan de Jesús. En ese camino se sitúan los mártires a lo largo de los siglos, los que han derramado su sangre por fidelidad al Señor y a su Evangelio. Y ahí hemos de ubicarnos también nosotros. Tal vez estemos escondidos por miedo a que nos identifiquen con el Maestro ante previsibles consecuencias. O quizá observemos el dolor, el sufrimiento de nuestro entorno y nuestras propias cargas. Algo nos dice que hemos de huir de ese dolor, de esa carga, de la Cruz. Pero queremos entrar en el Vía Crucis, queremos vencer el miedo y la indiferencia. La Cruz nos atrae porque es historia de amor y de donación. Historia de sangre y de Vida.

En el Gólgota se elevó una cruz hace mucho tiempo para acoger el cuerpo de un condenado. Aquella cruz de odio se convirtió en símbolo de amor entregado. Pero no fue, desgraciadamente, la última cruz levantada en nuestro mundo. Cada día el odio, la muerte, el olvido y el pecado, erigen cruces donde los hombres y mujeres, hermanos nuestros, sufren, agonizan y mueren. Y en nuestros “gólgotas” más cercanos se elevan las más diversas cruces: la de la anciana que reparte su exigua pensión a una extensa familia en paro; la de la madre que viene a pedir a la Parroquia porque le cortan la luz; la del que pide con angustia porque en breve será recluido en la cárcel lejos de sus hijos; la del joven que se aleja seducido por las drogas… Y no olvidemos nunca las cruces de tantos hermanos nuestros en África, India, América Latina y en tantos lugares que no aparecen si quiera en los mapas. Ayer y hoy, el poder y el pecado taladran las manos de Jesús en la Cruz. El poder y el pecado conducen a los crucificados a su fin. El poder y el pecado, con clavos crueles, hacen brotar la sangre de los que van a morir. Cuando los poderes no están al servicio del pueblo, cuando lo que prima es el tener y el acopio de dinero que sesga la vida de los pobres, entonces, solo podemos decir: Señor, ten piedad.

Ten piedad de un mundo donde se nos olvidó ser hermanos. Ten piedad de un mundo donde somos capaces de perforar cuerpos y regar con sangre. Perdónanos, Señor, por estar asociados a esta masacre. Cuando dinero, ideologías absurdas, poder y orgullo se ponen por encima del ser humano, entonces hemos perdido el norte. Perdónanos por nuestros pecados y muéstranos tu perdón derramado en la cruz. Conviértenos a Ti. Interpélanos con tu cuerpo que ya está clavado en el madero: ¿Somos capaces de reconocer la cruz en nuestra vida? ¿Cómo vivimos la experiencia de la cruz? ¿En qué medida ayudamos a los demás a llevar su cruz?

Jesús sigue muriendo en nuestros hermanos. Muere a nuestro lado. Muere injustamente y torturado. Continuemos nuestro silencio. Profundamente sintamos el peso de muerte tan injusta. No pensemos ahora en los motivos, ni en los que la han provocado. Solo hagamos silencio y descubramos que por el sufrimiento resulta posible abrirse a Dios, que se ofrece con nosotros y por nosotros. Podemos transformar el dolor en amor, el sufrimiento en ofrenda agradable al Padre.

Y tras el silencio, miremos el árbol de la cruz donde está clavada nuestra salvación. El Corazón de Jesús concentra nuestras miradas en la cruz. Su Corazón traspasado nos hace descubrir ahí la cima de toda la revelación que Dios nos ha regalado en su persona, la revelación de su Amor misericordioso, que se entrega hasta la muerte. La revelación que se nos brinda en medio de la muerte y del sinsentido, donde brota el gesto del perdón y la donación hasta el extremo del Amor más profundo del que florece nuestra salvación.

Hoy Jesús nos llama y no esconde la cruz. “Quien no toma su cruz y me sigue no es digno de mí” (Mt 10, 38). Jesús nos llama a apasionarnos por la historia de Amor que el Padre quiere hacer en nosotros. ¿Estamos dispuestos a morir a nosotros mismos para que Cristo sea el único Señor de nuestras vidas? El discípulo tendrá que “completar en su carne aquello que falta a la pasión del Cristo a favor de su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24). La Iglesia peregrina, que carga con la cruz, es el pueblo de los que, a través de Cristo y de su Espíritu, intentan cada día salir de sí y entrar en la vía dolorosa del Amor, como los mártires.

En este Viernes Santo mi recuerdo por un querido sacerdote y religioso de los Sagrados Corazones de esta tierra, el padre Ramón Mera García, natural de Vejer de la Frontera, que nos ha dejado hace algo más de un mes después de una larga enfermedad para unirse a la Pascua del Señor. Con profundo sentimiento, me comunicaba el arzobispo Juan del Río: “Verdaderamente tu hermano de Congregación vivió un Vía Crucis particular con un gran sentido cristiano y oblativo. ¡Que Dios lo tenga en su gloria!”.

 
Comentarios
 
1  |  Ana  | 18-04-2014

Gracias por esta reflexión Fernando, nos lleva a mirar en nuestro interior es interpelarnos. Reflexión de Viernes Santo, pero también del día a día, saber llevar nuestras cruces sin dejar de mirar las cruces de todos los que nos rodean con ese amor y perdón que desde la cruz nos mira Jesús

 
2  |  Gloria Nieves  | 18-04-2014

Intensa y fuerte reflexión, que más allá del Viernes Santo nos interpela sobre nuestra actitud ante el dolor y el sufrimiento de cada día. Gracias, Fernando.

 
1
Déjanos tu opinión:

Nombre:
   

Dirección de E-mail:
   

Comentario:

 
 


Reload Image

Código:

 
   
 
Compartir

  • Print this article!
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • Meneame
  • Technorati
  • TwitThis
  • Netvibes
  • MySpace
  • LinkedIn
  • Turn this article into a PDF!
  • E-mail this story to a friend!