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Una nueva estrella en el cielo



10 de Abril de 2014
Redacción
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Columna de Miguel Díaz Sada ss.cc., en la columna “Todo corazón”, de la revista 21 de este mes de abril.


Ayer murió Estrella. Una de tantas, dirán algunos. Pero no para Dios ni para mí, ni para las personas que la han querido y acompañado. Una acogida en la Casa Samuel. La casa no es un seminario, como lo puede sugerir su nombre bíblico, aunque para eso se reformara. Fue la casa de verano de los obispos de Salamanca, después quiso ser seminario.

Finalmente es Casa de Acogida de afectados por el VIH-SIDA. Hermoso recorrido hasta ser memorial-templo de Jesús donde habitan sus preferidos, aunque a veces ellos no lo sepan.

Estrella estaba muy enferma. Nos ha dejado a los 41 años de edad. Seis en la casa de acogida. Con ocasión del día mundial de lucha contra el SIDA, se confesó ante la televisión de la comunidad de Castilla y León. La felicité por su sinceridad y valentía.

Contó la trayectoria de su vida –dura, difícil, rota, desastrosa– con muchos rasgos de humanidad. Casada y con dos hijos, ella y su marido contrajeron el virus. La droga, con todas sus secuelas, andaba de por medio. Optó por enfrentarse a la enfermedad. Él no. Y murió al poco. “Dios le habrá perdonado y acogido”, decía. “Yo también le he perdonado”. Tal vez las muchas personas que la ayudaron en los parques y las iglesias de Salamanca hicieron nacer en ella el deseo de vivir y el sentido de su vida, del que Dios no estaba ausente.

“En Cáritas Salamanca encontré una familia, personas que me quieren y acompañan. En la Casa Samuel tengo una casa, un hogar, unos amigos. Estoy muy agradecida”. Su carácter se fue dulcificando a la par que el mal seguía su curso inexorable. El último día de su vida entre nosotros, no sé si nos oiría, varios voluntarios rezábamos junto a ella.

Tratando de entrar en su corazón, y como si ella rezara en mí, yo repetía con el salmista: “aunque pase por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo”. Jesús, el Buen Pastor, estaba con ella. Sabe acompañar, pues Él pasó ya por ese mismo trance. Estrella se abrió a la Vida. Esa misma noche, paseando entre encinares, miraba al cielo por si divisaba una nueva estrella. Sí, relucía en el firmamento y desde allí proyectaba su luz sobre el corazón de todos los que hemos acompañado y querido a Estrella.

Una nueva estrella, entre millones y millones, pero “preciosa y única a los ojos de Dios”. ¡Ésta es nuestra fe!

 
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